Opinión

Empezar por casa

Nos dirigimos, a la velocidad del rayo, hacia la “nueva normalidad”.

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Por: Héctor de Mauleón

Nos dirigimos, a la velocidad del rayo, hacia la “nueva normalidad”. Durante la pandemia, con las calles prácticamente vacías y la mayor parte de los negocios cerrados, algunos delitos habían presentado una clara tendencia a la baja.

En la semana del 2 al 8 de mayo, en el Estado de México se denunciaron, por ejemplo, 738 robos con violencia. Pero en las proximidades del Día de las Madres el confinamiento se relajó. Mucha gente salió de visita, fue de compras, acudió a mercados y supermercados. Hubo, en general, una mayor movilidad en la zona metropolitana.

Ese relajamiento no solo se verá reflejado en las estadísticas de salud. Fue también advertido por el crimen. En la semana del 9 al 15 de mayo, las denuncias en esa entidad pasaron de 738 a 1,475. El robo a negocio ascendió, de 107 casos reportados, a 297. En el robo a transeúnte las carpetas de investigación pasaron de 139 a 335. El robo en transporte público también subió: de 48 casos entre el 2 y el 8 de mayo, las denuncias se dispararon a 192 en la semana que siguió.

En Jalisco los delitos mostraron un descenso durante los primeros meses de confinamiento. El robo a negocio pasó de 927 casos en marzo a 806 en abril: el robo a transeúnte de 1012 casos en febrero, a 657 en el mes de abril. Los heraldos de la “nueva normalidad” a la que nos dirigimos tocaron tierra en Jalisco el 7 de mayo. Ese día, elementos de la Policía Metropolitana y peritos del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses se encaminaron a una finca del municipio de El Salto.

Había llegado una llamada anónima que alertaba sobre la existencia, en ese lugar, de una fosa clandestina. Los peritos exhumaron los restos, imposibles de identificar, de 25 personas, así como cinco bolsas de plástico, en la que había restos humanos en pedazos.

11 de mayo, dos jóvenes que seguían festejando el Día de las Madres, fueron ejecutados por rumbos de la colonia Morelos. Habían salido de sus casas para seguir bebiendo en la calle. Estaban recargados en un Beetle. Dos “motosicarios” se acercaron a ellos y les hicieron cuatro tiros.

El 13 de mayo, dos niñas de 13 y 14 años fueron asesinadas en Zamora, Michoacán, y rematadas con el tiro de gracia. Automovilistas las hallaron tendidas en un camino que conduce a Atecucario.

El 15 de mayo, hombres armados a bordo de una motocicleta ejecutaron a Valeria “N”, de 28 años, y a su amiga Brittilt, de 17. Valeria había sido detenida alguna vez al lado de uno de los integrantes de la Unión Tepito, “El Alexis”, que hoy se encuentra prófugo.

El 17 de mayo ocurrió un ataque en una vivienda de Ciudad Juárez, Chihuahua. La masacre cobró la vida de seis personas. El 18, asaltantes hirieron al chofer de una combi y asesinaron a su ayudante, en Nezahualcóyotl, Estado de México. Choferes de la Ruta 42 denunciaron que el ataque procedía de grupos que les cobraban “cuota” de manera constante.

Ayer, tres personas fueron ejecutadas en Tijuana, entre ellas una mujer: un repaso por la “normalidad” que nos espera, cuando la pandemia sea domada.

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