En la jaula

La tesis principal: López Obrador no es un izquierdista ni un liberal -ni siquiera un liberal decimonónico o juarista, como se presume-, sino un populista de derechas, un reaccionario -un conservador- que ha engañado una y otra vez a sus seguidores y votantes prometiéndoles algo que jamás estará dispuesto a concederles.

Avatar del

Por: Jorge Volpi

La tesis principal: López Obrador no es un izquierdista ni un liberal -ni siquiera un liberal decimonónico o juarista, como se presume-, sino un populista de derechas, un reaccionario -un conservador- que ha engañado una y otra vez a sus seguidores y votantes prometiéndoles algo que jamás estará dispuesto a concederles. En Regreso a la jaula, Roger Bartra -uno de los intelectuales más lúcidos de nuestra época y acaso nuestro pensador más original-, retoma las ideas de La jaula de la melancolía (1987) en un libro que sin embargo en buena parte se lee más como una feroz diatriba que como el texto sociológico y filosófico que lo precedió, acaso porque, como él mismo revela en las primeras páginas, el propio Presidente se encargó de atacarlo personalmente desde los salones de Palacio.

Aun así, el análisis resulta transparente: ninguna de las medidas que AMLO ha implementado desde su llegada al poder coincide con la agenda de la izquierda. Su única preocupación ha sido combatir la corrupción y apoyar a los desfavorecidos, pero lo ha hecho a través de acciones que o bien contradicen de plano cualquier idea progresista o que a la larga resultarán contraproducentes para ese mismo sector al que pretende beneficiar. Para Bartra, la 4T -con su grandilocuente nomenclatura- no busca la transformación del país, sino el regreso a los peores momentos del estatismo y el nacionalismo mexicanos, aun si esa vuelta hoy es imposible. Morena visto, así, como la cuarta reencarnación del PRI, más que como su alternativa.

En efecto, López Obrador siempre desdeñó la agenda social propia de la izquierda -que una y otra vez ha dicho le parece irrelevante-, de modo que no engañó a nadie al desdeñar temas como el aborto o la legalización de las drogas, pero a ello ha sumado la mayor militarización que ha conocido el país -exacerbando lo ya hecho por Calderón-, ha reducido en todas las otras áreas la capacidad de acción del Estado, adelgazándolo con una impulsiva austeridad que concentra los recursos en programas asistenciales directos que inhiben el crecimiento económico, y se ha negado rotundamente a emprender una reforma fiscal que propicie, con mayores impuestos a los más ricos, una auténtica redistribución de la riqueza.

Bartra dedica buena parte del libro a repasar cada tropiezo, yerro y desliz del Presidente, de la ridiculez de la Cartilla moral a los desaguisados cometidos en la pandemia, o de la cancelación del aeropuerto de Texcoco a la obstinación por Dos Bocas, a veces con pruebas nítidas de su irresponsabilidad o su ineptitud, en otras con una brocha acaso demasiado gruesa en la que todo, absolutamente todo lo emprendido por este gobierno, es calificado como un desastre sin paliativos. Pero donde quizás menos equilibrada resulta su visión es a la hora de evaluar el papel de los otros partidos en nuestra malograda democracia: Bartra aún parece reservarle una función crucial al PAN o al PRD -y, en menor medida, al PRI-, en la alianza que ahora encabezan, como única forma de limitar los excesos de la 4T. Aunque ajustándose solo a los parámetros de la democracia formal no habría otro remedio que optar por los adversarios del partido en el gobierno, hacerlo por quienes destruyeron al país, el PAN -con la guerra contra el narco- o el PRI -con su inmensa corrupción-, más bien debería ser visto como una elección forzada y apenas defendible que como un remedio real a la catástrofe.

Por ello, la parte más apasionante de Regreso a la jaula se halla en sus últimas páginas, donde Bartra hace una rotunda apuesta por la socialdemocracia -a diferencia de muchos de sus aliados, liberales que apenas disfrazan su neoliberalismo-, y por una auténtica y poderosa agenda de izquierda que, de la mano de Piketty, reorganice desde un Estado fuerte la distribución de la riqueza para conseguir justo aquello que López Obrador solo promete pero no consigue: el fin de la oprobiosa desigualdad en la que vivimos.

  @jvolpi     

Opinión

Opinión en tu buzón

Deja tu correo y recibe gratis las columnas editoriales de AM, de lunes a domingo

8am
En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?