Entendamos que no es una celebración

  El 25 de noviembre es El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, y se conmemora para denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación (Wikipedia).

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Por: Lourdes Casares de Félix

       El 25 de noviembre es El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, y se conmemora para denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación (Wikipedia). Es un Día de sensibilización y reflexión sobre este tipo de violencia para trabajar en las transformaciones necesarias para eliminarla. 

        Aunque se ha hecho mucho trabajo por la concientización de esta violencia y sobre su penalización, aún existe un gran desconocimiento sobre los distintos tipos de violencia que padecen las mujeres.  

       En la lucha por los derechos de las mujeres se pone mucho énfasis en los derechos sexuales y reproductivos, y se hace hincapié en el derecho a decidir. Pero ¿en realidad la mujer es quien ejerce libremente el derecho a decidir? 

       Llegó una chica a una asociación civil que apoya mujeres con embarazos inesperados en situación vulnerable. El novio no quería que tuviera al niño, pero ella quiso tenerlo y darlo en adopción. El novio no le permitió que el bebé llegara a término y la obligó a un parto prematuro. El bebé sobrevivió un mes con sus padres adoptivos. Casos como éste hay miles: obligar, amenazar, presionar o convencer a una mujer embarazada en estado de vulnerabilidad a realizarse un aborto. Esto es un tipo de violencia que permanece oculto bajo la letanía de que es la mujer quien toma la decisión alegando que se trata de “su cuerpo”. El involucramiento masculino se limita muchas veces a pagar el aporte económico para el servicio abortivo sin importar el riesgo de salud de la embarazada ni su futuro. Igualmente, su comportamiento respecto a la cuestión sexual tiene con frecuencia consecuencias en la salud y el bienestar de las mujeres ya que por lo general no toma en consideración las prevenciones necesarias. Así ellas quedan en riesgo de contraer enfermedades sexuales y embarazos inesperados. Además, se espera que sea la mujer quien quede a cargo del cuidado y atención de la criatura. Por desgracia la sociedad es permisiva con los varones que desatienden las consecuencias de sus prácticas sexuales y delegan en las mujeres toda la responsabilidad. 

        Los programas de prevención del embarazo han sido dirigidos a las mujeres adolescentes señalando los factores de riesgo en esta población, pero falta tomar en cuenta también la participación masculina y su responsabilidad en la salud reproductiva de la pareja. Es importante reeducar el concepto de masculinidad, ya que éste influye culturalmente en la forma en que los varones se relacionan, en particular con las mujeres en el plano sexual. Para prevenir que se ejerza violencia en contra de mujeres embarazadas persuadiéndolas a abortar, se requiere desarrollar estrategias de prevención de embarazo, trabajar en el proyecto de vida de las y los jóvenes, y fomentar la corresponsabilidad y solidaridad ante los embarazos. 

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