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Es para ayer

Perú tiene una estrella en su ministra de Economía y Finanzas, se llama María Antonieta Alva y es mejor conocida como “Toni”.

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Por: Enrique Gómez Orozco

María Antonieta Alva, tras consultar con economistas en Perú y en el extranjero, negoció con colegas del gabinete para llegar a un consenso sobre una variedad de soluciones que incluían donaciones de efectivo, subsidios para el pago de planilla y préstamos comerciales respaldados por el Gobierno, ninguno de los cuales se había probado antes en Perú”.

Comentario del periodista John Quigley sobre la Ministra de Economía y Finanzas de Perú. Perú tiene una estrella en su ministra de Economía y Finanzas, se llama María Antonieta Alva y es mejor conocida como “Toni”. Es la audaz y popular funcionaria de 35 años, convertida en rock star de su país.

El diario argentino Infobae da cuenta de su carisma por dos razones: conecta con el público y explica con claridad las medidas del gobierno peruano para enfrentar la pandemia y sus consecuencias económicas. Educada en Harvard, la joven ministra, con maestría en administración pública, propone soluciones que todo mundo conoce y adopta: la intervención del Estado con toda la fuerza posible para impedir la destrucción acelerada de la economía.

Según Infobae, logró créditos del extranjero por 3 mil millones de dólares a tasas preferenciales para apoyar a personas y empresas. Si revisamos una y otra vez la prensa internacional, vemos un despliegue inaudito de recursos públicos de diversas naciones para crear puentes que ayuden a sus pueblos a pasar las aguas turbulentas de la pandemia.

En nuestro país ocurre lo contrario. Una tragedia sobre otra. Enmarañados en la burocracia, nuestros gobiernos dan palos de ciego, de angustia. El dinero está ahí y no se usa mientras las familias pasan hambre y las empresas agonizan más que los propios ciudadanos infectados por el Covid.

México cuenta con una línea de crédito por 74 mil millones de dólares; Guanajuato tiene acceso a más de 15 mil millones y no hay fuerza en el mundo que pueda liberarlos para sanar el momento y pavimentar el regreso a la nueva normalidad.

¿Por qué? En lo nacional, el Gobierno está alienado, perdido con un Presidente que anda en su caballo persiguiendo molinos de viento y dando lecciones de moralidad y espiritualidad cuando su deber es gobernar. En Guanajuato sabemos que los funcionarios se han enredado en reglas, documentos, requisitos y toda suerte de trabas que impiden un alivio inmediato a los problemas urgentes. El miedo a equivocarse hace que el error sea mayor.

Por eso los empresarios angustiados y los desempleados desesperados, gritan por ayuda. Hace más de un mes se anunciaron los primeros 800 millones de créditos que han sido difíciles de colocar. El Gobierno pudo ampliar el programa con ayuda de los bancos. Pudo sumarlos para dar el “visto bueno” a los solicitantes a quienes solo pediría garantías o avales inmediatos. Con la fuerza de la banca se hubiera podido ayudar en la colocación del dinero en forma “rápida y furiosa”, para que el beneficio estuviera ya en circulación.

Las cámaras industriales y comerciales también podrían colaborar. Más vale equivocarse en algunos créditos que perder el tiempo. El enfermo está grave y necesita de urgencia la medicina. “Toni” Alva, la ministra peruana comprendió la inmediatez del problema. Aquí Arturo Herrera, secretario de Hacienda, no puede más que llorar por las órdenes equivocadas de austeridad que le da su jefe.

Sólo el Banco de México comprende la premura y apuntala a la banca nacional con tres cuartos de billón. El Ejecutivo está ausente. En Guanajuato tenemos que apretar el acelerador antes de que mueran las empresas enfermas o lamentemos la descomposición social. Si guardamos los recursos para después, para cuando llenen los requisitos, traigan sus declaraciones, muestren sus escrituras y tengan su fe de bautismo a la mano, será muy tarde.

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