Está carbón

La pregunta que flota literalmente en el ambiente es: ¿puede un país ser soberano para aventar todo el carbón que quiera a la atmósfera? El acuerdo climático de París es un principio para gobernar las emisiones de CO2 para evitar una catástrofe mundial. 

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Por: Enrique Gómez Orozco

La pregunta que flota literalmente en el ambiente es: ¿puede un país ser soberano para aventar todo el carbón que quiera a la atmósfera? El acuerdo climático de París es un principio para gobernar las emisiones de CO2 para evitar una catástrofe mundial. 

Los gobernantes responsables acudieron al acuerdo porque, nos salvamos todos, o nadie la libra. Los países desarrollados, quienes más energía utilizan, ya iniciaron el camino a la descarbonización. Inglaterra produce más electricidad con energías renovables que con carbón. En Estados Unidos vuelve la cordura con Joe Biden y regresa al acuerdo de París, del que se había retirado Trump por su idea de que Estados Unidos primero y vayan al diablo todos los demás. China va tras lo eléctrico porque, además de mejorar el clima, es muy buen negocio. Hoy es el mayor productor de paneles solares

La contrarreforma eléctrica va en sentido contrario a lo que requiere el mundo de nuestro México. Con las manecillas del reloj caminando hacia atrás los legisladores pueden soberanamente hacer las tonterías que les ordenen desde Palacio. Lo que no saben o no quieren entender es que vivimos en un mundo Interrelacionado. 

Imaginemos que Biden le dijera a nuestro Presidente: “Estados Unidos también es soberano y pondrá un arancel a todas las exportaciones de México cuando las emisiones contaminantes por quemar combustóleo pasen de un límite; está bien, México puede hacer sus leyes y nosotros las nuestras, pero si no acordamos el beneficio mutuo de las inversiones que hemos realizado en energías limpias, si nos echan a la cola en el mercado mexicano, haremos lo mismo con sus exportaciones a Estados Unidos”.

Con una semana que cierre la frontera a los productos  que se les dé la gana, pondría patas arriba a la 4T. La soberanía no es hacer lo que se quiera, sino lo que es más conveniente en un mundo interdependiente. 

¿Dónde está el problema que no quieren resolver ni Manuel Bartlett ni López Obrador? Producimos demasiado combustóleo por alguna deficiencia de nuestras refinerías o la mezcla pesada que usamos para refinar las gasolinas. Si nadie lo compra desde que se prohibió usarlo en barcos, se acumula sin que Pemex tenga solución. A quemarlo cueste lo que cueste, dice Pemex. 

Atacan el efecto y no las causas. El resultado será mayor contaminación, emisiones invernadero, mala salud cerca de las termoeléctricas y el descrédito internacional con todos los movimientos ambientalistas. Lo previsible es que suceda lo mismo con esta ley que con Félix Salgado Macedonio. A mediano plazo la presión política y económica de Estados Unidos y la Unión Europea pueden convertir a México en un paria, en un renegado como Venezuela. 

La carta más importante de nuestros socios comerciales puede ser la disminución de la compra de petróleo. Eso daría al traste con la economía, hundiría al peso y perderíamos el grado de inversión en nuestro crédito. Entraríamos en recesión permanente como Venezuela y veríamos el horrible rostro del malestar social. Morena perdería el poder. Sería el peor experimento político desde la Revolución. 

La charla López-Biden fue tersa y llena de colaboración y parabienes. Tatiana Clouthier, la secretaria de Economía dijo que había sido cordial y “muy bonita”. Eso en la superficie, en el fondo Marcelo Ebrard recibirá los reclamos por leyes absurdas que no sólo dañan a los inversionistas extranjeros, sino que avientan mugre al cielo que es de todas las naciones. Esperemos noticias. 

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