Opinión

Esto tiene que parar

Cuando AMLO, nuestro Presidente, invoca al esquema bíblico donde Jesús declara que “se está con él o contra él”, hace una comparación extrema; considera que, en su movimiento, la 4T, solamente pueden estar los que declaran incondicionalmente estar con él.

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Por: José Luis Palacios Blanco*

Soy de los que piensa que, en la vida, no todo es negro o blanco; que las personas no somos ni completamente buenas o malas. En todos los fenómenos de esto que llamamos vida, hay contrastes, no hay purismos. Lo mismo en las canijas ideologías; ni unas son buenas y las demás malas. Cuando AMLO, nuestro Presidente, invoca al esquema bíblico donde Jesús declara que “se está con él o contra él”, hace una comparación extrema; considera que, en su movimiento, la 4T, solamente pueden estar los que declaran incondicionalmente estar con él.

A quien esto escribe, le podrán etiquetar con numerosos adjetivos, pero difícilmente, como alguien “conservador” o “fifí”. Son las historias de vida y las causas que hemos abrazado, las que hablan por cada uno de nosotros; los círculos que nos rodean y nuestras obras. Allí comprobamos nuestros errores y aciertos. Ni todo bueno, ni todo malo. Estamos hechos del barro de la madre tierra.

Nos decía Heberto Castillo,- el gran intelectual de la izquierda, el generoso personaje que cedió la candidatura presidencial a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 para que triunfara el movimiento, no él-, que la izquierda triunfaría en la medida en que comprendiera que los profesionistas y empresarios progresistas, eran clave para la victoria y para sostenerla. Aunque el ingeniero Castillo, no alcanzó a ver la victoria de AMLO, estoy seguro que hoy llamaría a la concordia.

La victoria de la izquierda era necesaria en México para que volteáramos a mirar a las mayorías y se detuviera el saqueo, es cierto. El PRIAN trajo indolencia y corrupción. La alternancia era indispensable para que el gobierno fuera por fin austero y tuviera como prioridad a las mayorías. Pero así, no. La victoria contundente de AMLO y Morena requería enorme generosidad en el triunfo para gobernar con todos para las mayorías pobres.

Pero he visto cómo cada día, se degrada el discurso y las acciones de Andrés Manuel cotidianamente. Odio, rencor, amenazas, solo los pueden desmentir los más fanáticos. Escuchar o leer íntegros sus arengas, muestra a un ser humano generoso y austero, pero también lleno de resentimientos. Como me dicen queridos amigos, “es que no lees el discurso completo”, “es que sacas las frases fuera de contexto”, “lo que AMLO quiso decir fue otra cosa”. No. leo y releo. Considero el contexto. Andrés Manuel incrementa la improvisación y le gana el estómago sobre la cabeza.

El escrito emitido esta semana por intelectuales, “esto tiene que parar”, está firmado por muchos que podría yo etiquetar como “progresistas” y gente cercana y querida, que ha hecho de su vida, -y más en el “periodo neoliberal”-, una causa a favor de las mayorías. Considero cierto lo que expresa, la alerta a que el “País de un solo hombre” y las amenazas a la libertad de expresión para periodistas, están latentes y es mejor prevenirlo hoy, aunque a AMLO le enfurezca.

Necesitamos más concordia y menos rencor. Es cierto. Esto tiene que parar. En un País tan polarizado como el que tenemos ahora, es fácil etiquetar a personas y medios, les hará blanco, de fanatismos y extremismos, ayer de derecha hoy de izquierda. Recuerdo que Heberto Castillo, siempre progresista, planteaba la enorme generosidad que debería tener la izquierda al gobernar. No solo era austeridad y construcción de “estructuras más justas” (Heberto era ingeniero civil), sino tolerancia y pluralidad en la diversidad.

El escrito “esto tiene que parar” refleja lo que piensa cada día más, la clase media que ve que la economía tiene dos años detenida y que la inseguridad aumenta. Estoy seguro que AMLO tiene que cambiar no el fondo, sino la forma. No puede seguir haciendo de su hablar un torrente de agresiones. Ya lo ha hecho con médicos, constructores, académicos, empresarios, estudiantes que viajan al extranjero. México, aunque no lo quiera aceptar AMLO, es un mosaico ideológico. Se trata de concretar leyes más justas para distribuir la riqueza y que todos construyamos un País más equitativo. Para lograr eso, el discurso de la descalificación y el rencor, tiene que parar.

* Consejero local del INE

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