Fábula de un abogado libidinoso

La Juez de Control, Carolina Valdivia, al dictar su resolución de No Vinculación, dio instrucciones a la Secretaría del Juzgado que llamaran al Abogado Defensor para que acudiera a su oficina privada.

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Por: Paulino Lorea Hernández

La Juez de Control, Carolina Valdivia, al dictar su resolución de No Vinculación, dio instrucciones a la Secretaría del Juzgado que llamaran al Abogado Defensor para que acudiera a su oficina privada.

El Lic. Othón Mayoral, hombre maduro y de figura atlética gracias al ejercicio constante, bien preparado, estudioso y maestro universitario. A sus casi cinco décadas de edad, gustaba de vestir bien y formal. Ese día había abordado la defensa brillante de su cliente acusado de un cuantioso fraude y la Juez había emitido una decisión favorable.

Al ingresar a la oficina, la joven Juez ya lo esperaba de pie junto a la puerta, la cual de inmediato cerró y puso el seguro. Enseguida, en lugar de ir a su escritorio al frente, con su brazo extendido hacia su izquierda indicó al abogado a sentarse en un sofá amplio con una mesita de centro al frente.

El abogado se acomodó en el sofá y cuál sería su sorpresa, al ver que la Juez también se sentó a su lado, al tiempo que le dijo: “¿Te gustó la resolución?” a lo cual el abogado Othón respondió: “claro, me encantó”. “¿Y yo? Volvió a preguntar la Juez. Sin poder ocultar su sorpresa, el Lic. Mayoral contestó: “pues también Su Señoría”. “Háblame como Carolina, no como Licenciada, Juez o Señoría; quiero me consideres tu amiga”; e incorporándose, caminó hacia un mueble, abrió las puertas, al tiempo que dijo: “Me aceptarías te invitara un trago?”. Tomó una botella de brandy y dos vasos chicos, los puso en la mesa de centro cerca del sofá; abrió la botella y sirvió el licor en ambos vasos; tomó uno y diciendo ¡Salud! Levantó su mano; en tanto el abogado Mayoral tomó el otro vaso y respondió ¡Salud!.

Una vez apurado el contenido de los vasos, sin mediar palabra, se fundieron en un beso y abrazaron con pasión, solo con pasión, deseo, delirio y frenesí, entregándose mutuamente.

Después de poco más de media hora el Lic. Mayoral salió hacia el pasillo de las Salas de Audiencia donde lo esperaban su cliente, sus familiares y su socio compañero de Despacho. El imputado favorecido, muy agradecido, quedó de pasar a su oficina para llevar el pago de honorarios.

Con su socio caminó hacia el estacionamiento, y ya dentro de su auto, éste notó su aliento alcoholizado y antes de que preguntara algo, el Lic. Mayoral le platicó todo lo que había pasado con la Juez Carolina.

El socio de nombre Arturo Carrillo, después de escuchar el relato, comentó que desde que la Juez Valdivia asumió el cargo, era la segunda ocasión que sabía de esa experiencia con ella. Por lo que le dijo al Lic. Mayoral: “la próxima audiencia o caso que tengamos en ese Juzgado con ella, me dejas atenderlo, por si me toca a mí también que me llame a su oficina privada”.

Othón Mayoral, aflojando su corbata, soltó una sonora carcajada y le dijo a Carrillo: “¡Cómo serás libidinoso!”.

(Relato-ficción de un abogado de Guadalajara, Jalisco).

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