Opinión

‘Fiesta de conservas’

El costal donde caben todas las conservas, perdón, “los conservas”, es tan grande para el presidente López Obrador que ahí aparecen todos los críticos de la nueva Administración. 

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Por: Enrique Gómez Orozco

El costal donde caben todas las conservas, perdón, “los conservas”, es tan grande para el presidente López Obrador que ahí aparecen todos los críticos de la nueva Administración. 

Lo mismo están el periódico El País o el Reforma; los columnistas de El Financiero, El Universal, Excélsior o los conductores de programas de Radio Fórmula. Valdría la pena preguntarle al Mandatario cuáles son las características precisas de los conservadores.

¿Son conservadores todos aquellos quienes participaron en gobiernos anteriores, ya sean del PRI, PAN y PRD? ¿Son conservadores quienes apoyan una economía abierta, con reglas claras y combate a los monopolios? ¿Tal vez sean conservadoras las mujeres que piden alto al feminicidio?

Todos caben. Basta expresar diferencias ideológicas, políticas o técnicas para caer en ese costal. Va una lista de conservadores:
Federico Reyes Heroles, Francisco Martín Moreno, Carlos Loret de Mola, Ciro Gómez Leyva, Luis Cárdenas, Pablo Hiriart, Carlos Puig, Héctor Aguilar Camín, Joaquín López-Dóriga, Rafael Pérez Gay, Salvador Camarena, Macario Schettino, Raymundo Riva Palacio, Héctor de Mauleón, Sergio Sarmiento, Jorge Suárez-Vélez, Enrique Krauze, Leo Zuckermann, Ángel Verdugo, Chumel Torres, Pascal Beltrán del Río, Salvador García Soto, Denise Dresser, Maricarmen Cortés, Armando Fuentes Aguirre (Catón), María Amparo Casar y el cartonista Calderón. Todos ellos y muchos más son los “conservas”, siempre que escriben críticas al poder.

Puedo, con humildad pueblerina, añadirme al grupo aunque de antemano sé que ninguno de los de la lista tienen ideas conservadoras ni mucho menos. 

Antes, los conservadores que trajeron a Maximiliano eran muy fáciles de identificar. Durante la Revolución y después de ella, eran los grandes hacendados. A los banqueros expropiados también les tocó el escarnio público en el sexenio de José López Portillo. Eran los “sacadólares” conservadores.

Durante la Guerra Cristera, los conservadores eran nuestros abuelos provenientes de Jalisco o los muy apegados a la Iglesia. Ahora cuesta trabajo distinguir a los verdaderos conservadores: tal vez sean “conservas” las órdenes religiosas como los Legionarios a diferencia de los liberales Jesuitas. Vaya usted a saber. 

La división del país no puede hacerse con un simplismo de blanco y negro; pueblo bueno y empresarios malos; buenos de alma y malos de corazón. Tampoco en conservadores y ateístas. 

Dice López Obrador que no dejará la mañanera porque sería dejaría el espacio abierto a los “conservas”, porque sería una fiesta para ellos. Él no tendría derecho de réplica y sería víctima de calumnias. “Si así, ya pueden ver los periódicos de hoy…”.

Si todos esos “conservas” están equivocados o viven en un mundo cuyos datos son falsos, hay una enfermedad mental peor que el coronavirus en los intelectuales, pensadores y periodistas de todo el país. 

El discurso de las mañaneras no puede sostenerse porque comienza a tener serios problemas con la realidad. Nadie en su sano juicio puede decir que las mujeres que exigen justicia son conservadoras, ni los padres de familia quienes piden medicinas para sus hijos enfermos de cáncer. 

Tampoco juzgaríamos conservador al gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz por decir que el horizonte económico es incierto, ni al consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova por afirmar que la institución sufre amenazas como nunca antes las había tenido. 

Si siguen metiendo “conservas” de tutifruti a la misma alacena, pronto habrá más y más. Van a reproducirse como nunca. De nada serviría prolongar la mañanera a sábados y domingos para replicar.
 

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