Opinión

Frivolidad

“No sólo el lujo y el despilfarro son muestras de la frivolidad de la clase gobernante, la ligereza para desestimar a los demás y el cultivo del ego caben en la definición”.

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Por: Humberto Andrade Quezada

Es indignante ver al ex Presidente de México paseando por Madrid con la novia, símbolo claro de la impunidad histórica, del actuar sin consecuencias, fifí entre los fifís, pleno disfrute de una privacidad publicitada, sin ser tocado por ningún señalamiento, ni investigación del gobierno actual.

Quizás forme parte de los pactos no escritos para cubrirse los unos a los otros y llegar al poder a cualquier precio, no lo sabemos, aunque es difícil dejar de pensarlo. Y mientras eso ocurre, el Presidente actual -habiendo tanto qué arreglar en casa-, pelea contra molinos de viento y exige reparaciones a España.

La irrealidad nos abruma más allá del término de los sexenios, como si no bastara lo que padecemos durante seis años con los diversos personajes que elegimos en su momento, ahora es Peña Nieto, frívolo pero inmune, capaz de pagar las costosas exigencias de divorcio de “La Gaviota”, de darse la mejor de las vidas a costa de los pobres, disociación profunda al sentirse seguramente satisfecho del deber cumplido con la Nación y superficial, como las páginas lustrosas de revista de sociales en cualquier destino del mundo.

Que se derrame el gozo, no importa que las cifras y la situación del país no correspondan a su alegría por vivir, no importa nuestra rabia por su desastrosa actuación al frente del Ejecutivo, montaje escénico, amor que surge en campaña y se esfuma al término de su mandato, coincidencias, sonrisa eterna, figura vendible, el galán en la boleta acompañado por el canal de las estrellas, copete engominado, brazos abiertos, palmas extendidas, poses artificiales como su gobierno, estereotipadas como su vida, acopio y derroche de recursos, casas blancas, oportunidades perdidas, señales apenas visibles en una tramoya  que esconde la corrupción en este México nuestro.

Por supuesto que tenemos razones suficientes para estar enojados, lo entendemos. Hemos sido engañados y saqueados a lo largo de la historia, la impunidad ha campeado a grado tal, que nos acostumbramos y aceptamos que los gobernantes se enriquecieran de la noche a la mañana por todo el país.

En cada administración municipal, estatal o federal, oleadas de ricos nuevos protegiendo a los anteriores, sátrapas cínicos producto de la renovación moral, de la revolución, de cualquier lema y partido, desgastados todos a fuerza de ambición y corrupción.

Lo que no entendemos es por qué no darle satisfacción a la exigencia de justicia, al voto manifestado con un trasfondo claramente ligado al hartazgo. Por qué no canalizar de manera adecuada el disgusto, simplemente aplicando la ley con denuncias sustentadas en expedientes sólidos, y no con amenazas y señalamientos llenos de rencor en las conferencias mañaneras del Presidente López Obrador, que sólo conducen a la confrontación.

Queda claro que no sólo el lujo y el despilfarro son muestras de la frivolidad de la clase gobernante, la ligereza para desestimar a los demás y el cultivo del ego caben en la definición.

Estamos hartos del México de tramoya, de las declaraciones, de la impostura, de las cifras alegres y los resultados magros, estamos furiosos de ver pasear a Peña Nieto, de pavonearse en cualquier lugar del mundo sin ser tocado por ninguna revisión. No es tema coyuntural, es lo que significa, e indigna.

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