Guardia militar


"Nosotros no estamos en contra de las fuerzas armadas. Queremos que actúen en el marco constitucional y que regresen a los cuarteles". 

Manuel Bartlett, 2017

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Por: Sergio Sarmiento

Si la estrategia del gobierno es repartir abrazos y no balazos, ¿para qué se necesita una Guardia Nacional? Si ya terminó la guerra contra las drogas, ¿por qué incorporar la Guardia a la Secretaría de la Defensa? Si en la Secretaría de Seguridad Ciudadana la Guardia se va a pudrir, ¿por qué no eliminar o reformar la secretaría? Si la Guardia ya está dominando al crimen organizado con 35 mil millones de pesos anuales de presupuesto, ¿para qué arrojarle 50 mil millones "adicionales"?

No tiene lógica la propuesta del presidente López Obrador de militarizar de manera definitiva la Guardia Nacional. Se contrapone, de hecho, a las posiciones previas de su movimiento político. Cuando era senador, Manuel Bartlett se opuso a la Ley de Seguridad Interior de Peña Nieto, que daba a los militares la facultad de actuar como policía, diciendo: "Sabemos que en México existe un problema grave de seguridad pública, pero la solución a los problemas de seguridad corresponde a las autoridades civiles, como señala en el artículo 21 de la Constitución." La militarización, añadió, ha traído "grandes violaciones a los derechos humanos" y ha incrementado el gasto militar en detrimento del social. El actual presidente de Morena, Mario Delgado, descalificó como senador la "ley golpista" de Peña Nieto y advirtió que el gobierno debía considerar "las alertas de la comunidad internacional" contra la militarización. 

A la gente común y corriente le importa poco si la policía es civil o militar: lo único que quiere es escapar a la inseguridad y la violencia. Quienes viven en zonas dominadas por el hampa prefieren la protección de las fuerzas armadas que la de las policías. El Presidente, que tiene una gran sensibilidad a las opiniones del pueblo, se ha percatado y quizá por eso ha decidido apoyar la militarización de la Guardia Nacional. 

Sin embargo, la decisión implica problemas serios. La más inquietante es que entrega a una autoridad militar una responsabilidad que en una democracia corresponde a un gobierno civil. Nos coloca en una situación que, en general, solo tienen las dictaduras. El presidente ha afirmado que los cuerpos policiales similares a la Guardia Nacional están adscritos a los ministerios de defensa en países europeos como Francia, España e Italia, pero es falso. En Francia y España la Gendarmería y la Guardia Civil pertenecen a los ministerios del interior desde hace años. En Italia sí se mantiene la adscripción de los carabineros a las fuerzas armadas, pero en otros países democráticos, como Canadá, el Reino Unido, Estados Unidos y muchos más, las policías son estrictamente civiles. En Alemania las policías militarizadas, como la Feldgendarmerie, las SS y la Gestapo, desaparecieron con el nazismo. 

Yo puedo aceptar que una policía federal esté tutelada por militares durante un tiempo, pero no que se mantenga de manera indefinida en esa situación. El propio Proyecto de Nación de López Obrador como candidato lamentaba que en el gobierno de Peña Nieto teníamos "una seguridad militarizada y una inseguridad creciente". Prometió que en su gobierno retiraría a los militares de las calles a un ritmo "paulatino y de manera programada, previa preparación de fuerzas especiales de las diferentes policías estatales y federales para llevar a cabo las labores que Ejército y Marina llevan hoy a cabo". En lugar de cumplir esta promesa, sin embargo, está militarizando de manera permanente a la Guardia Nacional. 

Escuelas

Entiendo la gravedad de la tercera ola de la pandemia, pero esta es una enfermedad que se va a quedar con nosotros muchos años. No podemos mantener las actividades cerradas de manera indefinida. Coincido con el Presidente: hay que abrir las escuelas. 

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