Homo Deus

El libro “Homo Deus”, escrito con extraordinaria lucidez, por el Dr. Yuval Noah Harari

Avatar del

Por: Vicente Aboites

El libro “Homo Deus”, escrito con extraordinaria lucidez, por el Dr. Yuval Noah Harari de la Universidad Hebrea de Jerusalén, es una lectura realmente estimulante. 

Inicia discutiendo los tres más grandes problemas que a lo largo de la historia han acompañado a la humanidad, estos son: el hambre, las epidemias y la guerra. Hasta recientemente -de hecho solo desde hace unas cuantas décadas- estos tres problemas han sido razonablemente controlados. 

Sin embargo su patética presencia en la historia del mundo es innegable así como el hecho de que la incidencia de estas calamidades ha disminuido.  Por primera vez en la historia tenemos que actualmente mueren más personas por comer demasiado, que por no comer, o por comer demasiado poco. 

Ahora mueren más por vejez que por enfermedades infecciosas, y más por suicidio que por las armas de soldados.  De hecho, con cierto humor negro se menciona que a principios del siglo XXI, el humano medio tiene más probabilidades de morir en un asalto a un restaurante McDonald’s que a consecuencia de una sequía, del ébola o de un ataque de Al-Queda.  En seguida se resumen algunas de las ideas más significativas de este libro.

Durante miles de años el peor enemigo de la humanidad fue el hambre. Era normal que debido a una sequía en el antiguo Egipto o en la India medieval pereciera el diez por ciento o más de la población. En abril de 1694 un funcionario francés de la ciudad de Beauvais describía el impacto de la hambruna de ese momento del modo siguiente: “un número infinito de almas pobres, debilitadas por el hambre y la miseria, que mueren de necesidad porque, al no tener trabajo ni ocupación, carecen de dinero para comprar pan.

Para seguir con vida y aplacar el hambre, esta pobre gente come cosas impuras tales como gatos y la carne de caballos despellejados y tirados a los montones de estiércol… Otros desdichados comen ortigas y maleza, o raíces y hierbas que antes cuecen”. El 15% de la población de Francia murió de hambre entre 1692 y 1694. En Estonia el 20% de la población también murió y en Finlandia el 25%. Entre 1695 y 1698 el 20% de los escoceses murieron de hambre. Actualmente casi todos sabemos lo que es pasar un día sin comer (por ejemplo; debido a una dieta o cualquier otra justificación voluntariamente aceptada por nosotros), pero no tenemos idea de lo que es no tener que comer durante días y días y permanecer sin saber cuándo llegará un plato de alimento.

Actualmente, pero de modo excepcional, se producen hambrunas causadas más por factores humanos que por catástrofes naturales, además de que en la mayor parte del planeta operan gobiernos u ONG internacionales que aunque no resuelvan de fondo la pobreza, garantizan que la gente reciba suficientes calorías para sobrevivir. En realidad, actualmente comer en exceso es un problema mayor que el hambre. Se dice que la reina María Antonieta le dijo a la muchedumbre hambrienta que “si se quedaban sin pan, pues entonces, comieran pasteles”.

Paradójicamente pareciera que esta es la situación actual: la gente pudiente come nutritivas ensaladas y alimentos y productos orgánicos, mientras que la gente pobre come pastelitos Twinkies y Gansitos, así como cheetos, hamburguesas y pizzas. Mientras que en 2014 más de 2,100 millones de personas tenían sobrepeso, 850 millones padecían desnutrición.  En 2010 la suma de las hambrunas y desnutrición mató a alrededor de un millón de personas, mientras que la obesidad mató a tres millones.

El segundo enemigo histórico de la humanidad son las epidemias. La peste negra inicio en Europa en 1330 propagándose entre la población gracias a ratas y pulgas y mató entre 75 y 200 millones de personas. Como ejemplo de lo devastador de la peste negra vale señalar que la población en Inglaterra pasó de 3.7 a 2.2 millones de habitantes y la ciudad de Florencia en Italia perdió a 50,000 de sus 100,000 habitantes.

Nadie sabía cómo detener la epidemia y menos aún cómo curarla.

Se pensaba en brujería, en dioses enojados o en demonios malévolos, pero nadie sabía de la existencia de virus y bacterias y menos aún de su estructura molecular.  Otro caso histórico aún peor se dio durante la conquista española de América. La gripe, el sarampión y otras enfermedades infecciosas azotaron a la población pasando de 22 millones en 1520, a menos de dos millones en 1580. Algo similar pasó en Hawai cuando la expedición británica del capitán James Cook introdujo a la población nativa, tuberculosis, sífilis, tifoidea y viruela, pasando ésta de medio millón en 1778, a solo 70,000 sobrevivientes en 1853. 

Otro ejemplo es la pandemia de la gripe española del siglo pasado la cual mató entre 50 y 100 millones de personas en menos de un año mientras que la primera guerra mundial mató a 40 millones entre 1914 y 1918. Actualmente sabemos (datos de la OMS) que la pandemia de Covid-19 ha matado aproximadamente a quince millones de personas en el planeta. Es claro que con moderna infraestructura médico-científica, vacunas, antibióticos y mejoras en higiene, la humanidad está ahora mejor preparada que nunca para afrontar estas calamidades. Sin embargo, la inmensa mayoría de las personas en el mundo mueren a consecuencia  de enfermedades no infecciosas, como el cáncer y las cardiopatías, o simplemente a causa de la vejez.

A pesar de casos notables por su alta difusión -como la actual invasión de Rusia a Ucrania- las grandes guerras han desaparecido del mundo.  En la antigüedad las guerras causaban aproximadamente el 15% de todas las muertes mientras que durante el siglo XX la violencia causó el cinco por ciento y en el inicio del presente siglo la guerra es responsable de solo el uno por ciento de la mortandad global. Por ejemplo, en 2012 murieron en todo el mundo unas 56 millones de personas, de estas 620,000 a causa de la violencia humana, mientras que la guerra mató a 120,000 personas y el crimen acabó con las otras 500,000. 

Además 800,000 se suicidaron y 1.5 millones murieron de diabetes. Se puede ver que en la actualidad el azúcar es más peligroso que la pólvora.  Las grandes guerras ya no han ocurrido debido a que las armas nucleares han transformado la guerra en un simple acto de locura y suicidio colectivo. Estas armas han obligado a la mayoría de las naciones poderosas y a sus políticos, a buscar vías alternativas de solución para los conflictos.  Mientras que las generaciones previas pensaban en la paz como la ausencia temporal de la guerra hoy con mayor sensatez se piensa en la paz como la inverosimilitud de la guerra.

Por ejemplo, en 1913 la gente decía que había paz entre Francia y Alemania y se referían a que precisamente en ese momento no había guerra, mientras que en la actualidad nadie podría pensar que entre esos dos países pudiera estallar una guerra.

La posibilidad de vivir en un mundo sin hambre, ni infecciones, ni guerra, nos obligará a preguntar: ¿Cuál es el futuro de la humanidad? Y particularmente: ¿Cuál es el futuro del hombre? Al haber derrotado a los más grandes enemigos de la humanidad ¿Ahora el hombre se siente Dios o buscará ser Dios?  

En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?

Te podría interesar