Infancia es destino (y verdadero tema de seguridad nacional)

Jano, en la mitología romana, era el dios de las puertas, comienzos y finales. Simbolizaba el devenir de la existencia, el destino de las cosas y la evolución humana y por ello se le representaba con dos caras que manifiestan la incertidumbre que está en el porvenir: una de las caras es la representación de aquello positivo que surge de tomar una decisión acertada y la otra es la manifestación del error, derivada de la elección incorrecta.

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Por: Dr. Juan Manuel Cisneros Carrasco

Jano, en la mitología romana, era el dios de las puertas, comienzos y finales. Simbolizaba el devenir de la existencia, el destino de las cosas y la evolución humana y por ello se le representaba con dos caras que manifiestan la incertidumbre que está en el porvenir: una de las caras es la representación de aquello positivo que surge de tomar una decisión acertada y la otra es la manifestación del error, derivada de la elección incorrecta. Todos los días estamos frente a esa alegórica representación de visitar los dominios de Jano, al entrar o salir de una puerta vigilada, abierta o cerrada por alguno de los rostros de este peculiar ente.

La protección y mejora de las condiciones de salud de la niñez en nuestro país y a nivel global es fundamental. Si bien en las últimas décadas ha habido un progreso sustancial en la atención a la salud de la infancia, así como reducción de la mortalidad en etapas tempranas, el desafío continúa presente y como humanidad estamos ante una afrenta desconcertante, puesto que más de la mitad de las muertes en la infancia son originadas por condiciones que pueden ser de fácil prevención o tratamiento cuando existe un acceso seguro, oportuno y suficiente a servicios de atención clínica o se presentan mejoras en las condiciones y calidad de vida de los infantes.

De igual manera, hay que entender que la niñez requiere de un ambiente de estabilidad, puesto que en caso contrario (cuando hay limitaciones para acceder a una correcta alimentación, servicios de salud u oportunidades de aprendizaje y crecimiento) la apuesta de construcción de un futuro prometedor para cualquier nación se ve gravemente amenazada. Entendiendo que el pasado es inamovible y el futuro incierto, es en el día de hoy, en nuestro presente, cuando debemos realizar las lecturas correctas, la planificación adecuada y tomar decisiones acertadas para construir un porvenir sólido y favorable.

El dolor y la adversidad son condiciones humanas, es una realidad. Sin embargo, hay que entender que no son destino ineludible y que la salud de nuestros niños y jóvenes, al día de hoy y en el futuro, pueden y deben protegerse y para ello hay que destinar todos los esfuerzos posibles para prevenir enfermedades o discapacidades que resultan de una infancia adversa o bajo condiciones traumáticas.

La infancia es destino y los niños son el mañana de nuestra sociedad. Por ello, hay que entender que su protección es realmente un asunto de seguridad nacional. Los esfuerzos para garantizar el acceso a la salud y bienestar para la población infantil deben redoblarse y es menester de la población civil, de todos nosotros, colaborar en señalar, reaccionar y trabajar para erradicar esa corrupción rampante, negligencia o actitudes inhumanas, que dificultan el acceso a lo necesario para que niños y niñas tengan un crecimiento y desarrollo en las mejores condiciones posibles.

La salud de nuestros niños y jóvenes, hoy y mañana, debe resguardarse. Escogiendo este camino y atendiendo a esta visión de presente y futuro nacional, construiremos sobre piedra y no sobre frágil arena y habremos de cruzar la puerta que Jano nos presenta para un mañana prometedor. En caso contrario, nos tocará la faz obscura de este ser y la puerta que habremos de cruzar, nos puede costar muchísimo tiempo para volverla a abrir y salir de ella. Apostemos por lo primero.

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