Opinión

Ingreso y dignidad

En todo el mundo hay un consenso: dar un ingreso mínimo a quienes se quedan sin empleo y a todos los ciudadanos que trabajan por su cuenta, sean informales o no.

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Por: Enrique Gómez Orozco

En todo el mundo hay un consenso: dar un ingreso mínimo a quienes se quedan sin empleo y a todos los ciudadanos que trabajan por su cuenta, sean informales o no. Es un asunto de vida o muerte, es la mejor vacuna contra una pandemia de disolución social.

En Estados Unidos enviaron cheques por 1,300 dólares para cubrir gastos de víveres. La entrega fue sin condiciones. En pagos indirectos, el Gobierno norteamericano emitirá deuda por 3 billones de dólares tan sólo en este mes para tapar los agujeros que deja la guerra contra la pandemia. Eso equivale a tres tantos de lo que producimos los mexicanos en un año.

No les importa cuánto vaya a crecer la deuda del Tesoro, ni cómo será pagada, lo principal es rescatar a las personas, las empresas y la economía en su conjunto. Que el experimento tiene riesgos para el futuro porque producirá inflación o estancamiento algunos años, puede ser.

Lo cierto es que el crédito se inventó para resolver problemas del presente. Así lo entienden todas las naciones menos México. Porfirio Muñoz Ledo, el viejo político que antepuso la dignidad y la razón ante la vil sumisión de su partido, pide que se entregue ese ingreso mínimo universal ya.

Lo mismo opina la Coparmex y todos los partidos de oposición. En contraparte el Gobierno insiste en ayudar a los pobres solamente a través de sus programas clientelares. En Guanajuato, el Gobierno comienza un programa de empleo temporal con la contratación de unas 7 mil 500 personas que trabajan en mejoras de caminos y labores sencillas en sus comunidades. Ese es el mejor ejemplo a seguir.

Las dádivas sin trabajo lastiman la dignidad de mujeres y hombres que se saben útiles y capaces. Un buen arranque. Cuando un “nini” recibe dinero sin tener que compensarlo con algún trabajo real y útil, reduce su autoestima, se devalúa.

En países asiáticos con principios confusionistas está mal visto y es indigno recibir dinero o bienes sin hacer nada. El gran estadista singapurense Lee Kuan Yew tenía como máxima: “nada gratis”. El Estado proveía subsidios a vivienda o prestaciones extraordinarias a los menos afortunados, pero nunca en lo individual.

Hasta hoy que el encierro lo exige temporalmente. La pandemia necesita medidas inmediatas de alivio e incluso sin pedir algo a cambio. O mejor dicho, el pago será de todos y en el futuro. Lo que planteaba Santiago Levy era tomar dinero del futuro y pagarlo a través de los años con un impuesto especial y con el crecimiento de la economía. Como sucedió con el Gran Zedillo.

Cuatro mecanismos ayudarán a que salgamos más pronto y mejor librados de la pandemia: Dinero abundante y barato en los bancos a través del respaldo del Banco de México. La mayoría de las empresas tienen el respaldo de activos para pagar en el futuro. Si las dejamos morir, perdería el país fuentes de producción a lo tonto.

Empleo directo del Gobierno a través de programas como el que comienza en Guanajuato. “Vengan a chambear”, será la frase más dulce y reconfortante en este tiempo. El apoyo directo en víveres y dinero a quienes no pueden salir de casa como madres solteras, ancianos. Incluyo comedores comunitarios suficientes para que nadie sufra hambre.

Lo mejor, que la Federación comprendiera la urgencia de establecer un salario de vida mínimo durante la pandemia, de 3 a 5 meses de ingreso mientras arranca de nuevo la economía.

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