La “Contrarreforma” Eléctrica; lo bueno y lo malo

La tan discutida propuesta de Reforma Eléctrica por parte del Gobierno federal para que pueda ser aprobada en la Cámara de Diputados, es realmente una contrapropuesta a la Reforma Energética de 2013, pero sobre todo pretende ser una corrección de acciones para retomar la rectoría del Estado en la materia.

Avatar del

Por: Jorge Marcelino Trejo Ortiz*

La tan discutida propuesta de Reforma Eléctrica por parte del Gobierno federal para que pueda ser aprobada en la Cámara de Diputados, es realmente una contrapropuesta a la Reforma Energética de 2013, pero sobre todo pretende ser una corrección de acciones para retomar la rectoría del Estado en la materia.

Se busca una modificación a los artículos 25, 27 y 28 Constitucionales para que no solo la producción y distribución de la energía eléctrica, sino que minerales radioactivos, como el litio y demás minerales estratégicos; generación de energía nuclear y la exploración y extracción del petróleo sean retomados por el Estado mexicano.

Aquí no se trata de contraponer ideas sociopolíticas, sino de que nuestra Nación, como incluso lo hacen países desarrollados del mundo, tenga el control de sus energías, como sectores para la seguridad nacional.

Los actores políticos en este debate no han sabido posicionar de manera clara, ante la sociedad, sus posturas, solo se han centrado en algunos puntos ideológicos y económicos, o se han tergiversado a conveniencia otros más.

“La CFE pasará de ser una empresa productiva del Estado a un organismo del Estado”, nos resumen la propuesta de reforma legislativa, para que la dependencia sea autónoma en el ejercicio de sus funciones y en su administración y que encabece la transición energética en materia de electricidad.

No es real que se pretenda dar prioridad a las energías sucias y desdeñar las energías limpias. 

La Reforma propuesta tiene la siguiente jerarquía: 1. Hidroeléctrica, 2. Nuclear, 3. Geotermia, 4. Gas-CFE, 5. Térmica-CFE, 6. Eólica, 7. Solar, 8. Gas-privados y 9. Carbón. El argumento es que la hidroeléctrica es la energía más limpia y firme en producción; le sigue la nuclear y luego la geotermia.

Se agrega que el esquema responde a posibilidades reales de generar energía, sin anular la eólica y la solar, que no son constantes porque dependen de ciclos naturales, a veces imprevisibles.

Coincido con un artículo del periódico El Financiero en que el debate debería centrarse en qué tipo de sector eléctrico necesita nuestro País para garantizar el suministro en el corto y mediano plazos.

Respecto de la participación de la iniciativa privada, dígase grandes empresas, nacionales y transnacionales, esta no se está anulando, porque se propone que la CFE produzca el 54% de la energía y los privados el 46% como máximo, lo cual no contraviene al sentido nacionalista ni tampoco es apología malinchista.

Lo que no hemos recapacitado del todo es cómo la Reforma Energética de 2013, a través de la Comisión Reguladora de Energía, otorgó permisos de generación indiscriminadamente.

En la actualidad, la Comisión Federal de Electricidad cuenta con 191 centrales de generación pero solo operan al 55% de su capacidad; 69 son de energías limpias.

En 2020 la CFE tuvo que comprar en el mercado eléctrico 223 mil millones de pesos de energía. Y por tener el 45% de sus plantas subutilizadas no generó 215 mil millones de pesos.

Debido a convenios ilógicos desde 2014, la CFE está obligada a comprar energía durante 20 años, a un precio fijo, que hoy es el más alto del mercado. Gran parte de estos proyectos fueron financiados por la Banca de Desarrollo (Bancomext , Nafin) haciéndonos creer que eran inversiones externas.

Los certificados de energías limpias (CEL) están acordados para las empresas privadas, pero no para la CFE, por lo que, a la larga, los mexicanos estaríamos pagando el total de las inversiones de esas compañías.

Como parte de las controversias, muchos líderes de opinión nos dicen que la pretendida Reforma está espantando la inversión privada local e internacional. Pues cómo no, si de inicio ya no se les darían estas condiciones leoninas, en detrimento de la de por sí deteriorada CFE.

Otro elemento que incluye de manera precisa la Reforma es el control de la explotación y mercadeo del litio, que se ha convertido en la actualidad en una de las alternativas energéticas del mundo.

Este elemento tiene un sinfín de usos, incluso en la medicina, pero el más conocido es el de la fabricación de baterías para gadgets, en las que se agregan las de los autos eléctricos o híbridos, necesarios para la disminución de la emisión de dióxido de carbono que influye en el efecto invernadero y cambio climático.

Solo para consumo de nuestra curiosidad, de las cerca de 70 concesiones de explotación de litio a empresas extranjeras, solo dos o cuatro están bajo la ley.

El gran reto del Gobierno federal, con Reforma o sin Reforma, es establecer las estrategias para la producción de energía necesaria para que el País no se detenga.

La discusión de la Reforma Eléctrica, como es debido, está abierta en la práctica de Parlamento Abierto, en el que la sociedad participa con sus opiniones y propuestas informadas y no solo los bandos políticos que llevan agua a sus molinos.

A la par de la Reforma Eléctrica se discute también la Miscelánea Fiscal, o sea el presupuesto de ingresos y egresos para el 2022, donde deberían estar incluidos los gastos para retomar la rectoría de la producción energética. El balón está en el aire y, debido a la conformación de las fracciones parlamentarias, no se puede decir que esté definido el veredicto.

Opinión

Opinión en tu buzón

Deja tu correo y recibe gratis las columnas editoriales de AM, de lunes a domingo

8am
En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?