Opinión

La W y Latinus

A la una de la tarde pongo la alarma para escuchar la W y el programa de Carlos Loret de Mola llamado “Así las cosas”. Loret se ha convertido en el crítico más ácido del Gobierno.

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Por: Enrique Gómez Orozco

A la una de la tarde pongo la alarma para escuchar la W y el programa de Carlos Loret de Mola llamado “Así las cosas”. Loret se ha convertido en el crítico más ácido del Gobierno. Salió de Televisa porque había presiones, al menos así lo da a entender cada que puede. 

Lo mismo pasó con Carmen Aristiegui cuando salió de MVS Radio, propiedad de la familia Vargas.

Aristegui peleó su dimisión y acusó a Enrique Peña Nieto de estar detrás de su salida del noticiero más popular, el de mayor audiencia. Tenía razón. A Peña Nieto se le atragantó la investigación encabezada por Aristegui sobre la “Casa Blanca” que construyó el entonces presidente a un costo de 8 millones de dólares. Algo injustificable por donde se vea.

Para Joaquín Vargas y sus socios había razones muy grandes de separar a Aristegui de sus noticieros. Del Gobierno dependía el futuro de un activo muy valioso para MVS, la posesión de un pedazo de espectro de banda valuado en 2 mil millones de dólares o más. Podemos discutir durante semanas si estuvo bien o no que la empresa radiofónica optara por no complicarse la vida separando a Aristegui y evitar un pleito costosísimo para ellos.

El presidente López Obrador se queja ahora de Loret de Mola y de cuantos lo critican -que son muchos, casi todos- pero recuerda siempre la censura y el castigo del gobierno anterior en contra de Aristegui y de José Gutiérrez Vivó, presuntamente censurado en su espacio radiofónico de Radio Red. Ahora, por más que presione a la W como presuntamente lo hizo con Televisa, no podrá con Loret. La política editorial de los noticieros de la W la define Prisa, la empresa española dueña de El País, periódico con el que ya tuvo grandes desencuentros el Presidente.

Así que Loret se da vuelo y complace a la audiencia más crítica del poder. En el camino se convierte en el periodista más escuchado y visto en las redes sociales. Su empresa Latinus nace como una “startup” interesante. El Gobierno tiene toda la información para entender que hay alguien que “pompó” -como dijo López Obrador-  el negocio o aporta dinero para el proyecto de Loret, Brozo y otros críticos suyos. Para la mañanera sólo pueden ser conservadores y adversarios. No sabemos quién esté directamente involucrado en la inversión, pero es eso, un negocio a futuro que pretende, a través del ejercicio de la más amplia libertad de prensa y de pensamiento, convertirse en el nuevo referente nacional.

Todos los jueves esperamos en casa el programa de Loret por Youtube y con más entusiasmo las emisiones que hace con Brozo en diálogos profundos y punzantes sobre la actualidad nacional. Imposible la censura cuando las emisiones se pueden realizar desde cualquier lugar y por diversos medios.

Como todo programa exitoso, produce  imitadores o periodistas de vieja escuela que encuentran nuevos espacios como Pedro Ferriz. El común denominador de sus programas es la crítica sin mesura, algo que nunca habíamos tenido en los medios electrónicos. Chumel Torres se cuece aparte como cómico ácido y vulgar pero simpatiquísimo. Es otro de los que no se miden. Bueno, llega la hora de pegarse a la tele, pero ahora en Youtube.

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