La carrera por las vacunas

La velocidad de vacunación en una carrera entre países para ganar la recuperación económica, es el espectáculo que presenciamos hoy.

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Por: José Luis Palacios Blanco

La velocidad de vacunación en una carrera entre países para ganar la recuperación económica, es el espectáculo que presenciamos hoy. Fiel a su manera de ver el mundo y de repartir siempre culpas a otros, nuestro presidente AMLO pone ahora como argumento, el desigual reparto de vacunas en el mundo. El problema es que lamentablemente, ni con los mejores ánimos humanistas, no es así como funciona el mundo. Los países desarrollados tienen siglos, décadas, años, haciendo investigación y desarrollo para obtener a través de la innovación y de su hambre de superación, vacunas para comercializarlas en todo el mundo a quien mejor las pague y lo peor, es que están en su derecho.

Así es como funciona el mercado mundial. Lo que toca a países como el nuestro, es fortalecer a los grupos de investigación y a la farmacéutica nacional (los Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México, S.A. de C.V. ,Birmex, empresa de propiedad mayoritariamente estatal que desarrolla, produce, importa y comercializa vacunas y anti venenos), pero que en esta crisis y no puede producir por falta de presupuesto, así como están la UNAM, el CINVESTAV y las universidades públicas, las necesarias vacunas.  Sin contar con mecanismos que incentiven la producción de patentes, nuestros grupos de investigación carentes de fondos del Conacyt o de incentivos fiscales del SAT, poco o nada pueden hacer en esta carrera de las vacunas.

Trabajando a todo lo que se requiere, con sus grupos de investigación, las empresas transnacionales de la industria farmacéutica en México, las Merck, Boehringer Ingelheim, Schering Plough y Bayer, entre otras y las nacionales como Liomont, Sanfer, Laboratorios Armstrong y Laboratorios Hormona., están haciendo su “agosto” con la pandemia. Es fácil que AMLO eche la culpa a los otros países, a las transnacionales, a la ONU, a los gobiernos anteriores, pero nuestro Presidente debe reconocer que -al congelar los recursos del Conacyt para incentivar a la ciencia y a la tecnología y estar hoy en el 0.3% del PIB cuando la ley ordena el 1% y cuando otros países invierten entre el 3 y el 5% al mismo fin-, debió orientar recursos públicos a través de deducciones fiscales a que empresas mexicanas aliadas con universidades pudieran desde hace un año, producir vacunas. Pero AMLO y la 4T desaparecieron todos los fondos del Conacyt como los Fondos Mixtos y el PEI Programa de Estímulos Fiscales para la Investigación, que tenían un porcentaje importante precisamente para generar fármacos en México.

El desprecio hacia la capacidad de innovación que tenemos los individuos es uno de los lados flacos no solo de la personalidad de AMLO sino de su gobierno. No habrá recursos públicos que alcancen para repartir entre los más pobres, si no reconoce que el pueblo, tiene una capacidad enorme de crear, de superarse, a partir de estímulos que incrementen capacidades colectivas y no solo el consumo individual.

Es catastrófica la campaña de vacunas sin vacunas. El aparato de salud y de desarrollo social del País hace su esfuerzo para canalizar las pocas vacunas que hay, pero no pueden lograr imposibles. La lección del COVID-19 es otra de las graves realidades que como mexicanos no queremos reconocer. La solución no vendrá del Presidente AMLO y su gobierno, ni del cielo. Vendrá del esfuerzo personal y colectivo que tengamos los mexicanos. Por eso, ya es paulatina la recuperación económica gracias a los emprendedores y empresarios del País junto con los trabajadores, como saldremos este año de la recesión.

La historia de la humanidad nos está mostrando que los pueblos más innovadores y con mayor hambre de superación, son los que están saliendo adelante de la pandemia. Chile, los países asiáticos y europeos están ya regresando a la normalidad. La confianza en volver a entrar a los cines, de salir de vacaciones, de asistir a eventos masivos como los estadios deportivos, dependerán de la velocidad de vacunación. El tamaño de nuestro emprendimiento, de nuestra mentalidad en esta carrera dura contra otras culturas y razas, es lo que deberemos infundir a nuestros pequeños, a los jóvenes, y que se acaben décadas de la cultura que el PRI nos dejó: dádivas de parte del gobierno y a esperar todo del petróleo. Es la mente, la fuerza motriz que nos debe mover en esta, la difícil carrera de las vacunas.

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