Opinión

La convidada de piedra

A Rosario Piedra Ibarra le tomó menos de 24 horas quedar completamente liquidada como presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, CNDH.

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Por: Héctor de Mauleón

A Rosario Piedra Ibarra le tomó menos de 24 horas quedar completamente liquidada como presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, CNDH. Quienes la impusieron, a partir de una elección turbia, ilegal y fraudulenta, dejaron, desde el inicio, totalmente inservible y sin legitimidad su gestión. Y a continuación, Piedra acabó de hundirse ella misma.

La nueva presidenta había pedido licencia como militante de Morena solo unas horas antes de protestar el cargo (por el puesto que ocupaba en el partido, la Ley de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos la obliga a esperar un año por lo menos). Había lanzado tuits cargados de elogios al presidente AMLO. Había celebrado la existencia del Mandatario como un hecho irrepetible en la historia de México, y había lanzado tuits feroces contra la prensa crítica, acusándola —de manera previsible— de “chayotera”.

Piedra rindió protesta en una vergonzosa sesión de gritos y empujones. Ahora pasará a la historia como la primera titular que, a pocas horas de encabezar la CNDH, recibe una queja contra sí misma.

A la militante con licencia le preguntó una reportera que cubría su toma de posesión cómo iba a enfrentar los asesinatos de periodistas ocurridos en lo que va del sexenio de AMLO. Respondió: “¿Han matado periodistas? O sea no. Yo he visto lo que pasó en los sexenios pasados”.

En una entrevista concedida ayer a Carlos Loret, dijo que la prensa había descontextualizado su declaración, que ella en realidad había preguntado si habían matado periodistas porque no escuchaba bien y quería asegurarse de lo que la reportera le preguntaba. Dijo que había contestado: “Pues claro, es lo que venimos denunciando desde hace años”.

Loret le informó que no era eso lo que había respondido, le recordó que ella había afirmado que esto sucedía en sexenios pasados —”como si no estuviera sucediendo ahorita”—, y le informó que este año, “ya en el sexenio de López Obrador”, México era el lugar más peligroso para ejercer el periodismo.

Más adelante, Loret le preguntó si iba a defender a los periodistas frente a los ataques del Presidente, o si solo iba a mirar hacia el pasado. Piedra dijo que los defendería, si “hubiera en este sexenio”.

—¿Cómo que si hubiera? ¡Hay! —reviró Loret.

—Apenas voy a revisar todas las quejas —se justificó la presidenta.

Vino entonces la parte más reveladora de la conversación:

—En este sexenio han desaparecido periodistas, más que en cualquier otro año. —insistió Loret.

—¿En este sexenio? —respondió Piedra—. Bueno, habrá que revisar toda la información.
Así que no la habían descontextualizado: sencillamente, ni siquiera estaba al tanto de las cosas.

—¿Condena usted los ataques del presidente López Obrador a la prensa? —machacó Loret. Hubo un silencio embarazoso:

—Yo veo que todas las mañanas recibe a todos los periodistas y les da información.

—Los ataca también…

—Emite su opinión —sostuvo Piedra.

En menos de un día ha quedado claro la clase de CNDH que tendremos: una dócil, adicta, “para lo que usted mande, señor Presidente”. Una lista rápida y acaso incompleta: El 2 de diciembre mataron al periodista Alejandro Márquez en Nayarit. El 20 de enero, a Rafael Murúa en Baja California. El 20 de febrero, a Samir Flores en Morelos. El 5 de marzo, a Santiago Barroso en Sonora. El 2 de mayo, a Telésforo Santiago, en Oaxaca. El 16 de mayo, a Francisco Romero en Quintana Roo. El 11 de junio, a Norma Sarabia en Tabasco. El 30 de julio, a Rogelio Barragán en Morelos. El 2 de agosto, a Edgar Nava en Guerrero. Ese mismo día, a Jorge Ruiz en Veracruz. El 16 de agosto, a Jorge Ramírez en Oaxaca…

El 12 de noviembre mataron también a la CNDH, y sus cómplices convirtieron a la nueva presidenta en una convidada de Piedra: ese personaje que es invitado al banquete, y al que sin embargo los anfitriones ignoran.

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