Opinión

La culpa es de Calderón y del PAN

El show comenzó como se esperaba, sólo que ampliado y extendido. Las presuntas declaraciones judiciales o extrajudiciales de Emilio Lozoya abrieron la puerta al presidente López Obrador para un linchamiento público de sus odiados adversarios.

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Por: Enrique Gómez Orozco

El show comenzó como se esperaba, sólo que ampliado y extendido. Las presuntas declaraciones judiciales o extrajudiciales de Emilio Lozoya abrieron la puerta al presidente López Obrador para un linchamiento público de sus odiados adversarios. El ex funcionario de Pemex carga delitos a Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Luis Videgaray, entre otros. 

El Presidente las usa para sustentar sus argumentos de campaña que ahora repite con singular gusto durante más de una hora en su mañanera. López Obrador tiene razón en reclamar la corrupción del pasado aunque él cobija a sus pillos preferidos. Sin duda,  el sexenio más tranza de nuestra historia reciente fue el de Enrique Peña Nieto, quien pudo acceder al poder por la irresponsabilidad de sus dos antecesores: Vicente Fox y Felipe Calderón. 

Tengo la percepción de que Felipe no robó, pero la certeza de que permitió la corrupción sin mover un dedo cuando había denuncias claras. Ni Fox ni él emprendieron una campaña contra el saqueo de las arcas públicas como lo prometió su partido desde el año 2000. Como camaleones, cambiaron de color y participaron en componendas con líderes corruptos del PRI. Pudieron establecer métodos modernos de administración, auditoría y legislar sanciones poderosas en contra de las incontables “tranzas”. No lo hicieron.

Prefirieron hacerse tontos y en alguna ocasión alegaron en su defensa que era imposible erradicar la corrupción en México. El tema es que ni siquiera hicieron algo trascendente para cambiar el rumbo del país. Nunca tocaron a los intocables como a la maestra Elba Esther Gordillo o Carlos Romero Deschamps. Mejor tranzaron con ellos. 

Durante el sexenio de Calderón, en Guanajuato el gobernador Juan Manuel Oliva se servía del erario como cualquiera de sus colegas priistas. Tuvimos pruebas y más pruebas de sus andanzas y las de su familia; denunciamos una y otra vez los contratos y las compras amañadas. Felipe Calderón lo dejó pasar. Obras infladas, compras de terrenos inútiles y negocios inmobiliarios oscuros eran imposibles de ocultar. El PAN, partido cómplice, calló y traicionó a sus electores. 

Pero Calderón también dejó que Enrique Peña Nieto y su ostentosa corrupción en el Estado de México permaneciera impune. Ni el tío Arturo Montiel ni nadie fue juzgado por los “negocios” alrededor del presupuesto del estado más grande del país. La omisión y la ruptura panista llegó a tal grado que Vicente Fox apoyó la candidatura de Peña Nieto, miembro de la cleptocracia de Atlacomulco.

Hoy deben estar muy arrepentidos de no haber cumplido con sus promesas de campaña: combatir la corrupción priista, crear instituciones que velaran de verdad por el buen uso de los fondos públicos y no permitir que familiares y colaboradores se sirvieran a lo grande del erario. La inutilidad de Fox y Calderón abrió la puerta a Peña Nieto y éste, con su inaudita corrupción, le entregó el poder a López Obrador. 

En Guanajuato, el PAN siguió el ejemplo trazado desde Los Pinos; cobijó la corrupción de Oliva y de Miguel Márquez Márquez. Jamás los tocaron, ni por equivocación. En casi 3 décadas, Acción Nacional no sólo toleró y participó en toda clase de corruptelas y actualmente ni siquiera intenta cambiar y se comporta como el viejo PRI. Trabaja a oscuras y esconde las denuncias públicas y privadas. El PAN es sólo un apéndice del Gobernador. ¿Sabe usted de alguna denuncia penal importante en contra de funcionarios del presente o del pasado? Cuesta más la burocracia que presuntamente vigila el buen uso de los recursos públicos que los dineros recuperados. Hay una complicidad intrínseca en las omisiones. (Continuará)

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