La gran caída

Hay dos destinos semejantes para el ex presidente de México Enrique Peña Nieto y para Donald Trump, quien dejará la Casa Blanca le guste o no.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Hay dos destinos semejantes para el ex presidente de México Enrique Peña Nieto y para Donald Trump, quien dejará la Casa Blanca le guste o no. El caso de Peña Nieto lo tiene el Gobierno en la alacena con un vidrio de cristal que dice “úsese en caso de emergencia”.

Pasaron dos años en los que el Fiscal General de la Nación pudo ejercer acción penal por decenas de casos de corrupción. Odebrecht, la Estafa Maestra, la Casa Blanca y muchos otros que aún no son del conocimiento de la opinión pública. Si hay la percepción de que ningún sexenio fue tan corrupto como el anterior, ¿por qué no tomaron al toro por los cuernos desde el principio como lo pidió la mayoría en la elección?

Rosario Robles y el abogado Juan Collado son dos de los detenidos. También el ex gobernador de Chihuahua, César Duarte. Emilio Lozoya coopera porque, si no lo hace, le dan cuello. Es una justicia selectiva y de ocasión. Lo último que sabemos es que a Peña Nieto, más que de corrupción, lo quieren acusar por traición a la Patria. El más terrible de los cargos, uno que hasta hace poco podía castigarse con la pena de muerte.

Hay una carga ideológica en la acusación. Es traidor a la Patria porque realizó reformas económicas que permiten la inversión privada en energía; es traidor porque metió dinero robado a las campañas. La verdad es que Peña Nieto es considerado hoy el pillo más grande que ha presidido México. Desde el descubrimiento de la Casa Blanca en las Lomas de Chapultepec y los contratos que ya tenía preparado su compadre con el tren de Querétaro, el país supo que la corrupción prevalecía en la federación, los estados y municipios. Ante el mal ejemplo desde arriba, corrió el permiso implícito para que el saqueo se diera en todos los niveles: esa es la verdadera traición.

En Estados Unidos la lista de pendientes legales hace que Trump pudiera pedir un perdón presidencial de Joe Biden, como lo hizo Richard Nixon cuando renunció en 1974. Las acusaciones probables son: obstrucción de la Justicia, violaciones al financiamiento de campaña, recargos sobre impuestos federales no pagados, evasión de impuestos en el estado de Nueva York y fraude en bienes raíces.

El destino de Peña Nieto está en manos del presidente López Obrador. El renovado presidencialismo hizo pensar que había un acuerdo de inmunidad o impunidad por razones desconocidas. Ahora, con la amenaza de acusarlo por traición, queda claro que AMLO tiene toda la baraja y la jugará como mejor le convenga a él y a su partido.

El PRI y el PAN reciben castigo directo por las corruptelas compartidas en el sexenio pasado. A medida que se complique más la gobernación del país, tendremos nuevos episodios de interminables denuncias. Dicen que Peña Nieto no está manco y tiene también un arsenal de información como los videos de Pío López Obrador pero es sólo un rumor.

Trump tendrá que aprender a defenderse desde el vacío. Sin el poder, será un espectáculo todo lo que brote de historias y dedicará parte de su fortuna a pagar abogados.

En México todo es incierto por la dosificación que hace la Fiscalía General de la Nación, por las “filtraciones”, como shocks eléctricos a la oposición cuando trata de unirse. De aquí a la elección será un espectáculo mayor como para una serie de Netflix. 

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