Opinión

La hora del diablo

A finales de octubre, personal de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México ingresó en un domicilio ubicado en Ponciano Díaz 36, colonia Villas de Santín, Toluca. Seguía el rastro de una joven de 23 años, que había sido reportada como desaparecida: Jessica Jaramillo Orihuela.

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Por: Héctor de Mauleón

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La hora del diablo | Periódico am

“Mi señor Lucifer Rey de Reyes sea cual sea mi destino sólo tú lo sabes y lo acepto como uno de tus hijos más fieles cobija con tus alas negras a mis amadas mascotas ya nos volveremos a ver se los prometo (sic)”, escribió en su muro de Facebook Óscar García Guzmán, “El Feminicida de Santín”.

A finales de octubre, personal de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México ingresó en un domicilio ubicado en Ponciano Díaz 36, colonia Villas de Santín, Toluca. Seguía el rastro de una joven de 23 años, que había sido reportada como desaparecida: Jessica Jaramillo Orihuela.

En aquella casa habitaba García Guzmán, un estudiante de sicología de la Unitec. El alumno no fue localizado, pero sí los restos de Jessica, con señales de estrangulamiento. La policía localizó también los restos de otras dos jóvenes desaparecidas desde febrero y marzo de 2019: Martha Patricia Nava y Adriana González Hernández.

Un vecino dijo que al advertir que frente a su casa había varias unidades oficiales, García Guzmán logró escabullirse. En la casa quedaron sus mascotas y, entre otros objetos, dos cajas de teléfonos celulares —en las que figuraban los números de los aparatos.

En su página de Facebook, a nombre de Alexander Anderson, el prófugo escribió: “En otro momento en otro lugar pero se los juro los volveré a ver, los estaré esperando Gronda Demona Paz Petra siempre los llevaré conmigo mi único arrepentimiento en esta vida es no haberlos podido ayudar y sufro mucho por ello se los debo, si por la buena no obtuve respuesta tomaré otro camino sean fuertes, que empiece el derrame de sangre de mujeres ya que el de mis mascotas a nadie le importa, Lucifer los cuide mucho mis niños y perdón (sic)”.

Cuando ocurrió el hallazgo de los cuerpos, según los trabajos de inteligencia de la Fiscalía General y la Secretaría de Seguridad, García Guzmán comenzó a tener contactos telefónicos con su madre. Luego, ella cambió de aparato, a fin de que las llamadas no fueran detectadas. Cuando el contacto se restableció, hablaron durante 40 minutos.

El feminicida se reunió poco después con su madre. Fue escondido en Huixquilucan. En los días que siguieron, el teléfono de la señora Guzmán comenzó a dejar registros en la antena de ese perímetro.

Desde los primeros días, Óscar García dejó de usar uno de los dos teléfonos de que disponía. A través del otro intercambió mensajes con su hermana. Registró interacciones constantes en WhatsApp “hasta muy entrada la madrugada”. Mientras, subió a su página los boletines de búsqueda de las jóvenes que había asesinado y comenzó a hacer constantes referencias al libro “Asesinos en serie”, de Robert Ressler.

Según un reporte oficial consultado por el columnista, “El feminicida de Santín” imitaba las acciones narradas en dicha obra: entre ellas, estrangular a las víctimas.

Mientras la policía lo buscaba, regresó con su madre a Toluca y más tarde se movió hacia la Ciudad de México. Comenzó a conectarse con las redes públicas de WiFi. Se le detectó en las colonias Roma Norte, Juárez y Cuauhtémoc. La policía determinó que diariamente se movía en el Metrobús que corre por Insurgentes. Una noche lo detectaron en Jaime Torres Bodet 104, colonia Santa María la Ribera. Pero al poco tiempo se escabulló.

A mediados de noviembre, García Guzmán dejó varios comentarios en la página de Facebook de la activista Frida Guerrera Guerrera, que documenta y denuncia esta clase de agresiones. “Te Mande Inbox Pendeja Perra, Cuando Lo Leas Sabrás Que Soy Oscar García Guzmán (sic)”.

Ella comenzó a responderle con la intención de mantenerlo en línea, a fin de que la policía del Edomex lo ubicara. Así ocurrió.

El viernes pasado lo sorprendieron comiendo una torta en el Casco de Santo Tomás. Su madre intentaba conseguirle un amparo. Una versión dice que, al ser sometido por los agentes, García Guzmán intentó suicidarse con caramelos envenenados.

“O me dan información de mi gato y tres perros o el próximo mensaje será sobre el cadáver de una mujer”, había escrito.

No se sabe aún si alcanzó a cumplir dicha amenaza.
 

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