Opinión

La muerte de la reforma educativa

Los mejores sistemas educativos del mundo se basan en la “meritocracia”, que es el reconocimiento al esfuerzo individual y colectivo, no a otros criterios como la antigüedad, el escalafón, las prerrogativas negociadas. 

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Por: *José Luis Palacios Blanco

Los mejores sistemas educativos del mundo se basan en la “meritocracia”, que es el reconocimiento al esfuerzo individual y colectivo, no a otros criterios como la antigüedad, el escalafón, las prerrogativas negociadas. Singapur, los países nórdicos, Japón, Corea, los modelos educativos más exitosos en la historia de la humanidad, basan su estrategia educativa en incentivos de pago a los mejores profesores y en las becas a los mejores estudiantes. Millones de maestros y alumnos compiten por alcanzar los anhelados lugares y estímulos. Las evaluaciones externas son indispensables para compararse contra los líderes y para identificar brechas de desempeño. Allí, el usuario, el beneficiario, es el alumno, no es el profesor. En México estamos al revés: el profesor es el cliente y el proveedor es el alumno y los padres de familia. Los contribuyentes tampoco pueden pedir cuentas sobre los resultados de sus aportaciones.

Esta semana la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) inició los amagos para obtener más sueldos, más prestaciones y derogar la Reforma Educativa que permita que se usufructúen las plazas magisteriales sin algún tipo de evaluación externa. Como se hacía antes: pases automáticos de las normales a las plazas; ningún castigo a los maestros faltistas. A la CNTE no le gusta las evaluaciones externas; ni de los padres de familia, ni de los Congresos, ni de la sociedad civil, ni de los medios de comunicación, ni de los organismos autónomos o internacionales. Por eso, éstos son para ellos una piedra en el zapato e incluso, para el nuevo gobierno y por eso hoy está sentenciado a muerte el INEE (Instituto Nacional de Evaluación Educativa).

Las instituciones autónomas han sido creadas en el mundo para tomar decisiones y evaluar en forma externa e independiente. Se crean burocracias, es cierto, pero en asuntos como las elecciones y la educación, no se puede ser “juez y parte”. No se puede que la SEP eduque y al mismo tiempo, evalúe, y menos, cuando participan los sindicatos que tienen sus propios intereses, sobre todo, en el concurso de las plazas y la aplicación del presupuesto. Los profesores han dicho que la reforma educativa tuvo un carácter “punitivo” contra los maestros porque “los corren si no pasan la evaluación”. Pero esto no sucedió en la práctica; no se dieron despidos de las plazas. Si no aprobaban el examen tuvieron una segunda y una tercera oportunidad. Y entre esos tres exámenes, uno por año, tienen programas de regularización. Si no aprobaban en ninguna de esas tres oportunidades, no se les corría tampoco: se les asigna una tarea administrativa. 

Dice la CNTE que con la Reforma Educativa no ha habido mejoramiento académico. Con datos oficiales se comprueba que el porcentaje de maestros evaluados con niveles de conocimiento “idóneo” pasaron de 40% en 2014 a 56% en 2018. Y los “destacados” y “buenos” aumentaron entre 2015 y 2017, de 7.9 a 15.8%, y de 40.8 a 44.2, respectivamente. ¿Por qué echar abajo una reforma que estaba funcionando y regresan al esquema clientelar de sindicatos empoderados en la educación y a la pérdida en la calidad de la enseñanza? El mundo tiene otra dinámica. Los sistemas educativos en todo el mundo siguen avanzando, en tanto nosotros queremos darle vuelta a la evaluación.

¿Por qué evaluar a los alumnos y a los profesores no? Es algo cultural. Los mexicanos no estamos acostumbrados, nos molesta, ser evaluados. Los profesores quieren gozar de su plaza y prestaciones, pero no rendir cuentas. Si acumulamos los periodos vacacionales, los estímulos, los sindicales, la seguridad en el trabajo, nuestros profesores tienen en su trabajo y la realización por formar a los alumnos, un enorme patrimonio. Ser evaluados para mejorar su trabajo docente, debería ser una oportunidad, no una amenaza. 
En la reforma de 2013 se incluyó en el artículo Tercero constitucional el concepto de educación de calidad, y este se ligó al máximo logro de aprendizaje de los alumnos. A partir de ese cambio, la Suprema Corte de Justicia reconoció a la educación de calidad como el máximo derecho de los alumnos en el sistema educativo. En la propuesta de reforma constitucional que propone Morena esto se mantiene; la diferencia es que ahora elimina los instrumentos que lo harían posible. Al derogar el Servicio Personal Docente y desaparecer al Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), vuelven imposible cumplir a los niños el derecho a una educación de calidad.

AMLO, nuestro Presidente, prometió derogar la Reforma. Si se elimina cualquier proceso evaluatorio a profesores y se siguen obsequiando sin concurso las plazas magisteriales, los pequeños y nuestro futuro, nos condenarán por más décadas al rezago educativo, en tanto los avances de los países que basan su educación en la meritocracia, se alejarán cada vez más de nosotros. La reforma educativa que será derogada tenía sus defectos, es cierto, pero apuntaba a dar a las nuevas generaciones una mejor educación, con el propósito de que dependieran de sus habilidades y no de la generosidad del gobierno o del partido en el poder para sobrevivir. De regresar al pasado, seguirá creciendo la aplicación de sueldos y prestaciones para los maestros y desapareciendo la inversión en equipamiento y tecnología educativa, la mejor ruta hacia la era del conocimiento.

*Director de la Universidad Meridiano
director@universidadmeridiano.edu.mx
 

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