Lady Mariana

"Los mosquitos mueren entre aplausos"

Woody Allen

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Por: Luis Cárdenas

Pasa con frecuencia. Pasa en las mesas de café, entre el círculo rojo de la vieja guardia y la nostalgia del pasado que se respira en el ambiente, pasa en esas tertulias, donde casi todos son hombres ya entrados en canas y con viejas experiencias desbordando el portafolio, ajenos a las redes, extraños a lo "cibernético", comentan como un fenómeno el tema de la elección en Nuevo León y, casi siempre, sentencian: ¡fue por la mujer!

Nuestra clase política es, en su mayoría, una muy vieja clase política, llena de la "sabiduría" de antaño, de las formas de hacer gobierno y acuerdos a la vieja usanza, acostumbrados a la plaza de acarreados donde aplauden discursos que nadie entiende, acostumbrados al clásico "¿no sabes quién soy yo?", a las palancas y a la comunicación basada en boletines de prensa o en cuartos de guerra interminables que dan a luz estrategias abstrusas que hoy terminan en el olvido, arrumbadas entre la basura.

Los políticos no le hablan a la gente, justamente por eso es que el fenómeno Fosfo-Fosfo se convierte en una luz muy tenue entre tanta oscuridad, Samuel y Mariana supieron hacer algo que parece estar en chino para la mayoría de nuestros dirigentes: fueron empáticos con la "juventud", con ese mercado menor de cuarenta años que perdió la política mexicana.

Hace unos días, Mariana Rodríguez decidió cortarse el cabello, que no raparse, para mostrar una cercanía con los niños que padecen cáncer, me cuesta trabajo creer que las lágrimas y los abrazos fueran fingidos aunque, claramente, hubo una estrategia que sacudió a las redes y a la prensa tradicional, aquello fue una mezcla entre el teatro y los buena voluntad.

Y ese parece ser el nuevo paradigma de la comunicación política exitosa, más allá de la obligada empatía habrá que resaltar la espontaneidad, el atreverse a romper con el discurso tradicional y con el papel gris que arrebuja a los políticos de siempre.

Vamos, que Mariana no se peleó en Twitter con la no primera dama, Beatriz Gutiérrez Müller, por el tema del desabasto, que Mariana dejó atrás debates estériles y apeló al uso de las redes sociales mostrando empatía que le terminó por redituar simpatía. Una nueva fórmula que aún guarda pronósticos reservados.

Samuel y Mariana son la pareja que vende ilusión, que dibuja esperanzas y que cae bien por sincera, porque reacciona en tiempo real a los aplausos y a las críticas, porque son ellos, ya sea disfrazados de dinosaurios o dando un mensaje de gobierno, son ellos, así, naturales, son ellos, así, con la neta, despreocupados por el señalamiento de la vieja clase política en torno a ¿quién es el que realmente gobierna? o a las metáforas forzadas sobre Martha Sahagún y Vicente Fox… Ellos son y ya. Cosa muy difícil de entender para un sector que analiza eternidades por cada palabra enunciada.

Hoy, su frescura es premiada con la luna de miel de la opinión pública, pero eso no durará por siempre.

En el futuro no habrá peinado a lo garçon ni look de Claire Underwood ni disfraz de princesas que resuelvan los problemas de la realidad, como estrellas de las redes han triunfado, ¿y como gobernantes?

De colofón

652 casos de salmonella, 129 hospitalizados en 37 entidades de Estados Unidos por cebollas cultivadas en México. Allá piden tirar a la basura cebollas mexicanas y aquí la Secretaría de Agricultura abre "investigación".

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