Láseres para aplicaciones militares

El número de diciembre de la revista “Laser Focus World” presenta un artículo sobre la prueba de láseres de cincuenta kilowatts para aplicaciones militares (“Testing 50 kW lasers in weapon system”; https: //www.laserfocusworld.com/ lasers-sources/article).

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Por: Vicente Aboites

El número de diciembre de la revista “Laser Focus World” presenta un artículo sobre la prueba de láseres de cincuenta kilowatts para aplicaciones militares (“Testing 50 kW lasers in weapon system”; https: //www.laserfocusworld.com/ lasers-sources/article).

Este es un reporte no-clasificado de la iniciativa HELSI financiada por el Pentágono (High Energy Laser Scaling Initiative).  El objetivo final de este proyecto consiste en demostrar la operación de láseres de trescientos kilowatts para aplicaciones militares para el próximo año 2022.

Inicialmente las aplicaciones militares del láser se limitaban a la identificación de blancos y no a su destrucción debido a que no se contaba con láseres adecuados y suficientemente potentes para esto último.

En la identificación y señalización de blancos se utilizan láseres de baja potencia con los que se apunta al objetivo que se desea destruir, en seguida un misil con un sensor adecuado, centrado en la longitud de onda de emisión del láser apuntador, se dirige a gran velocidad al blanco logrando su destrucción. Las longitudes de onda de los láseres para identificación de blancos no están en la zona visible del espectro y por tanto es difícil prever una acción defensiva.

Desde hace algunos años se tenían láseres de laboratorio con las potencias suficientes para destruir blancos, sin embargo, eran sistemas láser tan grandes, voluminosos y delicados que era imposible pensar en su uso en una situación militar real.  De hecho, eran láseres que requerían de todo un enorme edificio para contenerlos. Evidentemente era imposible moverlos.

Podemos ver que el problema principal de láseres para aplicaciones militares ha sido su construcción de modo robusto y cumpliendo con especificaciones militares adecuadas, esto es, debe de ser un sistema suficientemente compacto y adecuado para soportar situaciones reales de golpes, vibración y cambios de temperatura extremos. Además, debe de ser posible trasladarlo y operarlo sobre un vehículo todo terreno, sobre una aeronave, sobre un barco o en órbita alrededor de la Tierra.  Para entender el nivel del reto tecnológico pensemos en los primeros radios construidos, eran sistemas muy frágiles, pesados y voluminosos, construidos con bulbos o tubos al vació y otros elementos como enormes capacitores mecánicos variables que servían para sintonizar la estación de radio que uno deseaba escuchar.  Muchos hogares aún conservan hermosos ejemplos de estos radios producidos durante la primera mitad del siglo pasado.

Podemos comparar esos radios con los aparatos de los que está dotado cualquier automóvil actual o incluso con la aplicación de radio disponible en cualquier teléfono celular.  La evolución tecnológica ha sido enorme.  Su celular o el radio de un automóvil aparte de ser extremadamente compacto puede operar sin problema con altísimos niveles de golpes o vibración y en rangos de temperatura que van desde sub-cero hasta cincuenta o setenta grados.

Para los primeros radios construidos hace un siglo esto era inimaginable.

Algo similar está ocurriendo con los láseres para aplicaciones militares que, como se ha dicho, han evolucionado para ir desde enormes sistemas fijos construidos dentro de grandes edificios, hasta láseres que montados en un vehículo todo terreno pueden operar en condiciones extremas.

Muchas personas, probablemente con justificada razón, cuestionan el tremendo esfuerzo y gasto requerido para lograr estos avances tecnológicos señalando que estos recursos materiales y humanos podrían utilizarse para propósitos humanitarios más urgentes y sensatos.

El hecho es que la competencia industrial y tecnológica siempre ha existido en todas las áreas y en todas las épocas y países del mundo.  Pareciera que este espíritu de competencia es algo inherente a las sociedades y al ser humano. Pensemos en la evolución del clavecín para llegar al piano moderno, o la evolución del arcabuz, de los barcos de vela, de la aviación, del automóvil o de la medicina moderna.

No se puede negar que los resultados y avances han sido espectaculares y podríamos preguntar: ¿Qué motivó a los técnicos especialistas en instrumentos musicales de todo el mundo para en pocos siglos terminar construyendo un instrumento tan perfecto como un moderno gran piano Steinway o Bösendorfer? ¿O, para construir un avión supersónico de pasajeros como fue el Concorde? ¿O, una nave espacial? ¿O, para pasar de los estudios atómicos de Dalton y Mendeléiev, a los de Madame Curie y de allí a la bomba atómica?

Puede ser difícil entender esta evolución cuando se llega al perfeccionamiento tecnológico para aplicaciones militares.

Lo que debe de ser innegable es que el inevitable avance científico-tecnológico no debe nunca separarse de las consideraciones humanísticas.

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