Los Victimistas(Segunda parte)

Si el Presidente está convencido de que la revolución cubana triunfó, suena extraño que su hijo y sus nietos vivan en Houston y no en la suprema igualdad de la Habana.

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Por: Enrique Gómez Orozco 

“No hay peor ciego…”

Lucas 22-66


La visita del Presidente a Cuba no tendrá consecuencias materiales para los mexicanos. El comercio con la isla es limitado porque su economía está en bancarrota. Su producción limitada de productos básicos no se ajusta siquiera para abastecer a sus 11 millones de habitantes. Aún así, López Obrador dice que nunca pensó que la “revolución fracasaría”. 

Esa frase, dicha hace 60 años, tendría algún sentido. Fidel Castro gobernaba bajo el modelo comunista y la protección de la Unión Soviética. Desde entonces en Cuba no ha pasado nada. No es broma, el tiempo se detuvo en las ideas y las obras, en la forma de gobierno y su producción nacional. 

Un reportaje de TV Azteca da cuenta de la tragedia cubana: “Ni patria ni vida”. La reportera Carolina Rocha,  quien iba como turista y lo realizó con su teléfono, encuentra a cientos de personas haciendo cola para comprar algún alimento con su cartilla de ración. Cinco huevos,  medio kilo de pollo y algo de picadillo al mes. Siempre que se llegue temprano a la cola. Lo demás tendrá que comprarse con una inflación de 70%. “El dinero se hace agua y sal”, dice un jubilado. 

Todo el mundo sufre la inflación provocada por la pandemia del COVID-19. Unos países más que otros. Durante dos años las naciones desarrolladas sacaron la chequera para dar a sus habitantes sustento mientras la producción se reducía, y el encierro detenía las cadenas de producción y suministro. A menor producción y mayor circulante, los precios subieron en medio de la escasez. Luego vino la guerra que cortó de tajo las exportaciones de granos de Ucrania y de fertilizantes de Rusia. 

Si a todos los países nos afecta, para Cuba fue una tragedia porque sus divisas provienen del turismo y las remesas que envían los cubanoamericanos de Florida a sus familias. El deterioro material en La Habana -suponemos que en otras ciudades es peor- rompe el alma. Calles inundadas de basura y suciedad, casas a punto de caerse en el centro, todas descarapeladas y abandonadas. La reportera entrevista al novelista Leonardo Padura, escritor de éxitos como “El hombre que amaba a los perros”. No dice mucho pero dice todo: los jóvenes se quieren ir. No hay esperanza. Ese no es un triunfo sino la mayor derrota.

Si el proyecto de la dictadura cubana no es un fracaso, no sabemos qué lo puede ser. Durante más de medio siglo el gobierno promueve el victimismo. “Todo es culpa del embargo norteamericano”. Falso, mucha de la comida que llega a Cuba proviene de Estados Unidos. También medicamentos. Si mañana levantaran el embargo, qué podría vender Cuba al mundo, ¿puros y ron? Una sociedad sin incentivos individuales y con un gobierno totalitario está condenada al estancamiento y la pobreza. La solución es un pueblo con aspiraciones, productivo y meritocrático. La gente huye de los países fracasados a los prósperos y llenos de oportunidades, como sucede a nuestros paisanos que se aventuran al norte sin documentos. Los gobiernos victimistas castran la voluntad y la iniciativa individual. Si todo es producto de un factor externo como el imperialismo, el neoliberalismo o la inversión extranjera ladrona, no hay remedio. 

Si el Presidente está convencido de que la revolución cubana triunfó, suena extraño que su hijo y sus nietos vivan en Houston y no en la suprema igualdad de la Habana. (Continuará)








 

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