Opinión

Los argentinos detonan la bomba

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Por: Enrique Gómez Orozco

Las alternativas en Argentina eran sólo dos: votar por Mauricio Macri, el actual presidente neoliberal y enfrentar una situación de precaria estabilidad económica que podría convertirse en una mejora paulatina, o detonar la bomba con el regreso al populismo con Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner. 

Aunque fue una elección adelantada, una especie de primaria, el resultado impactó de inmediato en los mercados internacionales. El peso se devaluó un 20%. Lo más grave, el valor del dinero se encareció en 11% con el alza de las tasas de sus bonos que llegaron al 74.8% anual (impagables). El Banco Central se vio obligado a vender reservas para contener la estampida. La bolsa argentina se desplomó ayer un 37%. 

Los ganadores de la elección no tardaron en culpar a Mauricio Macri del desastre económico por la devaluación de su moneda que pasó de 18 a 48 pesos en sólo un año. Cierto, pero Macri había vuelto a la libertad cambiaria después del cepo o control cambiario que impuso Kirchner en 2011, creando distorsiones con el control de divisas y un mercado negro que afectó al país con las devaluaciones posteriores. 

Macri recibió una economía enferma y trata de sanarla con medidas liberales. El costo social y político resulta estratosférico con recesión, inflación desbocada y devaluación del peso. Justo la medicina que usó Ernesto Zedillo en México con gran maestría en su sexenio, aunque también con mucho sufrimiento en las empresas, el empleo e inflación.  

La medicina para curar el populismo es amarga, suele provocar convulsiones sociales y es seguro que derrotará al partido o al candidato que la aplique. Macri perdió la elección y tendrá que enfrentar la tormenta hasta diciembre, a menos que un milagro haga entender a los argentinos que van por un suicidio económico si repiten el resultado el 24 de octubre.

Dicen los economistas de Alberto Fernández que no volverán al cepo cambiario y que honrarán las deudas con el Fondo Monetario Internacional y con los acreedores extranjeros. Si no lo hicieran, sería la segunda ocasión en que Argentina iría a la suspensión de pagos, algo que atrasaría 30 años su economía y la posibilidad de crecer. 

Los argentinos no confían en su país, no creen en la errática economía populista y sólo tienen en mente el dólar. Con 400 mil millones de dólares en el extranjero, los argentinos exportan casi toda su capacidad de ahorro y tienen que reponerla en cada devaluación, en cada crisis, con más trabajo y ahorro que se irá al extranjero en la siguiente debacle. Eso es lo que no saben los sindicatos y los grupos de presión privados, los políticos que son tan corruptos o más que los brasileños o los mexicanos. 

Hace unos meses el periódico La Nación publicó el descubrimiento de unos cuadernos donde un chofer, que llevaba y traía millones de dólares en efectivo, apuntaba el remitente y el destinatario con una disciplina de contador. A la casa de los Kirchner llegaron millones de dólares en efectivo que se contrabandeaban a Uruguay y a otros países. La misma presidenta de la República exportaba con dólares en efectivo el fruto de sus mordidas. Hoy se apunta como la segura vicepresidenta del próximo gobierno. Una locura. Viene la tormenta y el renovado sacrificio de reflotar al país mientras miles de millones de dólares partirán al extranjero, con cepo o sin cepo. 

La cura es igual al síndrome de abstinencia de cualquier adicción. Argentina no lo puede evitar.

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