Opinión

Los cómplices

¿Qué haría el Presidente si los miembros de su gabinete, para no ser cómplices sino patriotas, presentaran su dimisión?

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Por: Francisco Martín Moreno

Comienzo esta entrega recordando a Gilberto Valenzuela, secretario de Gobernación, cuando le presentó su renuncia a Plutarco Elías Calles:

Yo no le he perdido la confianza”

, afirmó sorprendido el presidente de la República, a lo que Valenzuela contestó:

Usted no me la ha perdido a mí, pero yo ya se la perdí a usted.”

 Esos eran los políticos mexicanos con un gran sentido del honor. Imposible olvidar a Agustín Yáñez, secretario de Educación Pública, cuando intentó dimitir del gobierno de Díaz Ordaz:

A mi ningún hijo de la chingada me renuncia, váyase a cumplir con su cometido”

, contestó el poblano en su conocido lenguaje florido. Como novelista me pregunto: ¿Qué haría AMLO si el gabinete en pleno presentara su dimisión?:

Señor Presidente, nosotros no somos cómplices, por lo tanto, no somos culpables del desastre, nos vamos.”

La historia nos demuestra la existencia de diversas crisis ministeriales en el mundo. López Obrador prometió encarcelar a la Mafia del Poder, erradicar la corrupción, ahorrar 500 mil millones de pesos, consolidar nuestra democracia y construir un Estado de Derecho. Pues ni encarceló a dicha mafia, ni erradicó la corrupción que sigue devorando el tejido social, ni ahorró los 500 mil millones y no solo no privó de la libertad a los “inescrupulosos” constructores del NAIM, sino que todavía los compensó con obras en Santa Lucía.

Por si fuera poco, nombró a un fiscal a modo para continuar impartiendo justicia selectiva, desmanteló los organismos autónomos y dañó gravemente nuestra democracia, así como las instituciones diseñadas para ver por el interés superior de la República.

¿Qué tal la señora Piedra Ibarra al frente de la CNDH? Se comprometió a acabar en 6 meses con la delincuencia organizada y al día de hoy, el hampa domina más del 60% del territorio nacional; en 2019 asesinaron a 36,000 personas, a 11 mujeres al día, se disparó el robo en trenes y camiones de carga, se acentuó la inseguridad pública como nunca antes en nuestro pasado. Declaró que defendería el honor nacional ante los insultos de Trump sin contestarle uno solo de sus tuits y, por el contrario, se deja golpear y humillar con aquello de que no se enganchará, un argumento pueril e indigerible, peor aún cuando en la Casa Blanca es conocido como “Juan Trump”.

Derogó la Reforma Educativa en un país de reprobados, lastimó la marca México en el mundo, se abstuvo de representar a nuestro país en el exterior, acabó con los emprendedores, con ProMéxico y con el Consejo de Promoción Turística, abandonó a su suerte a los empresarios de todos los tamaños, detonó el desempleo, despreció la inversión extranjera, desperdició el ahorro público en estúpidas obras faraónicas, dividió al país entre chairos y fifís, nos arrancó las costras históricas, despidió a la burocracia creativa, castigó el presupuesto de las entidades federativas, provocó la desintegración de la República, encareció el costo de la energía eléctrica al intentar prohibir la instalación de energías limpias no contaminantes, destruyó los contrapesos políticos, se inclinó por la creación de una dictadura de orientación comunista, desplomó el crecimiento económico, destruyó el crédito público de México y los sistemas de salud; impuso a indeseables en el Congreso y a un reconocido incapaz en el manejo suicida de la pandemia; duplicó el número de pobres, regaló dinero a países centroamericanos, incentivó la desigualdad, canceló guarderías infantiles, refugios para mujeres golpeadas, cerró los comedores comunitarios y utilizó los fondos del erario para comprar voluntades y votos, entre una incuantificable cadena de severos cargos más.

Si el gabinete acepta esta interminable lista de atropellos incalificables, debe seguir ocupando sus elevadas responsabilidades, ahora bien, si los hechos anteriores son considerados atentados en contra del presente y futuro de México, entonces que dimita en pleno, de modo que no carguen con el peso de la deshonra ni sean considerados cómplices de la debacle. Si el gabinete está integrado por patriotas, se salvará México o al menos tendríamos todavía la oportunidad de lograrlo. ¿Qué esperan los secretarios de Estado para dimitir ahora mismo?

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