Opinión

Los portones

El poeta Javier Sicilia elevó el tono de voz y acusó al presidente Andrés Manuel López Obrador de traicionar a las víctimas. Después, le pidió cambiar su política en el tema. ¿Lo escuchará?

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Por: Sergio Aguayo

Para mis abogados, Héctor y Sergio Beristain

El poeta Javier Sicilia elevó el tono de voz y acusó al presidente Andrés Manuel López Obrador de traicionar a las víctimas. Después, le pidió cambiar su política en el tema. ¿Lo escuchará? 

El jueves pasado, integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, se reunieron ante una de esas ofrendas levantadas para recordar a los caídos en las Guerras del Narco. Las hay por todo el país. En la ubicada frente al Palacio de Gobierno de Morelos, colgaron de las rejas de uno de los portones, fotografías y nombres. Pese a que el Gobierno estatal es parte de la Cuarta Transformación, respondió con desdén. Ninguna autoridad se hizo presente y no permitieron que conectaran su bocina portátil a los enchufes colocados dentro del inmueble. 

Fue un regreso al México de “ni los veo ni los oigo” de Carlos y Raúl Salinas de Gortari. El 14 de diciembre de 1997, Reforma llevó como nota principal un texto de César Romero Jacobo. Hablaba de una tarjeta pequeña que Raúl envió a Luis Donaldo Colosio en abril de 1992. El hermano del presidente andaba molesto porque Colosio no asistía a las comidas de los jueves, donde políticos y empresarios hacían negocios; Raúl le lanzó  una advertencia:

“Luis Donaldo: las puertas de la Presidencia de la República se abren desde adentro”.

México ha cambiado. Las puertas han sido abiertas por la ciudadanía y entre los recién llegados hay quienes tienen empatía (ponerse en el lugar del otro) hacia los damnificados. Desafortunadamente, Olga Sánchez Cordero, Alejandro Encinas y Karla Quintana son frenados por los atranca portones. Destaca el Presidente. 

López Obrador es voluble con su empatía. Una y otra vez nos pide comprensión, paciencia y confianza; luego alaba constantemente al “pueblo” en abstracto y remata descalificando a la sociedad organizada que cuestiona sus decisiones y propone alternativas. Le pone triple tranca a los portones de sus sentimientos y políticas, a esa ciudadanía metiche. Si él tiene la respuesta para todos los problemas ¿por qué va a escuchar a los aviesos de agendas embozadas?

Estas actitudes indignan a los más combativos familiares de las víctimas. Pongámonos en su lugar. Ellos –y los organismos de la sociedad civil que los acompañan– han enfrentado la violencia de criminales y/o gobernantes y han seguido y atesorado pistas sobre el destino de los suyos y sobre los presuntos culpables. Ellos esperan ser tomados en cuenta para la estrategia y los programas. La mansedumbre no es lo suyo; son irreverentes y ásperos. ¿Quién no recuerda las décadas que doña Rosario Ibarra de Piedra se plantó frente a los poderosos, exigiéndoles que le regresaran al hijo desaparecido en 1974? Sus modos son los del poeta y los miles de madres y padres que militan en el dolor, el reproche y la esperanza.

El jueves pasado, mientras retumbaba la polémica por la carta al Rey de España, el poeta le exigía al Presidente mexicano que cumpliera su promesa y pidiera “perdón a las víctimas por las omisiones, las negligencias y los crímenes cometidos por el Estado Mexicano”. En la parte final de su alocución hizo seis propuestas concretas para “una política integral y sistémica en relación con la Justicia Transicional”. 

El Presidente y quienes se encargan de estos asuntos han respondido con el silencio público y privado. Muestran el desdén exhibido cuando mataron a Samir Flores Soberanes, el indígena opositor a la hidroeléctrica de Huexca, Morelos. El poeta me compartía su desconcierto porque López Obrador no pospuso la consulta sobre la hidroeléctrica; siguió adelante, como si la muerte de un luchador social importara poco. Si así se comportó el Presidente, resulta natural que el Gobierno morelense ignorara a las víctimas y tuviera el mezquino desplante de negarse a prestarles un enchufe para su bocina. El día de la ofrenda, los familiares y compañeros de Samir hicieron espacio para colgar su foto en la ofrenda y pronunciaron un encendido mensaje contra la Cuarta Transformación y su líder.   

Incomprensible que quienes padecieron el “ni los veo ni los oigo” durante tantos años, ahora respondan con lo mismo a los reclamos de las víctimas. La paz y la reconciliación exigen que el Presidente abra los portones de la empatía a todos los que han padecido la violencia criminal. ¿Lo entenderá?  

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