Luis Echeverría y sus parodias

El lunes 17 de enero de esta semana, cumplió 100 años de edad el ex Presidente de México Luis Echeverría Álvarez; actualmente es el ex Presidente más longevo en la historia de nuestro País, solamente Porfirio Diaz con 85 años (1830-1915), José López Portillo y Adolfo Ruiz Cortines con 84 años se le acercaron; aún está con vida y con los estragos propios de esa centenaria edad, así que podría conservarse algunos años más.

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Por: Paulino Lorea Hernández

El lunes 17 de enero de esta semana, cumplió 100 años de edad el ex Presidente de México Luis Echeverría Álvarez; actualmente es el ex Presidente más longevo en la historia de nuestro País, solamente Porfirio Diaz con 85 años (1830-1915), José López Portillo y Adolfo Ruiz Cortines con 84 años se le acercaron; aún está con vida y con los estragos propios de esa centenaria edad, así que podría conservarse algunos años más.

El martes siguiente a su cumpleaños hubo muchos artículos, remembranzas, reproducción de sus episodios más destacados, hasta de su biografía completa, en diversos medios de comunicación, incluso este periódico de casa aludió en su primera plana a algunos aspectos relacionados de Luis Echeverría con nuestro Estado (léase “La Casa Colorada”. A.M. B-1, 18/01/22). En general, destacaron, entre otros aspectos su estilo de gobernar (como lo denominó Daniel Cossío Villegas en un ensayo muy difundido y censurado precisamente por el presidente mencionado); su persecución y campaña constante de censura contra el periódico “Excelsior” hasta lograr la salida de su Director en turno, don Julio Scherer García; su confrontación directa y manifiesta contra el grupo empresarial regiomontano que llegó al clímax con el asesinato de Eugenio Garza Sada a manos de un grupo guerrillero que reivindicó su fechoría; la difusión y reclamo al grupo que denominó “Conspiradores de Chipinque”, en referencia precisamente a ese grupo empresarial que reuníase en ese punto cerril así denominado; sus ambiciones para promoverse como Secretario General de la ONU y autodenominarse “Líder del Tercer Mundo”; sus ayudas y alianzas con los gobiernos socialistas de Cuba y de Chile; la llamada “Guerra Sucia”; y como cereza del pastel el 10 de junio de 1971, no conforme con el 2 de octubre de 1968, en pleno inicio de su sexenio sucedió la “Masacre del Jueves de Corpus”, aunque atribuida a Martínez Domínguez, otro político de Monterrey, N.L. para variar.

No obstante, para sus últimos dos años sobrevinieron las críticas muy fuertes ante los problemas que fueron acumulándose de forma acelerada, entre ellos la sucesión, los gastos presupuestales excesivos y caprichosos, la deuda pública creciente y la política económica instaurada desde Los Pinos que era la residencia presidencial y no de la Secretaría de Hacienda, marcaron su declive en picada. Por lo que, a casi 50 años de la conclusión de su mandato, los analistas políticos y maestros de economía han identificado a este gobierno con las características de populista.

Pero quienes vivimos esa época, al menos su servidor, de los 19 a los 25 años de edad, tenemos varios recuerdos y huellas de diferente índole durante ese periodo, máxime que tuvimos algunas experiencias cercanas a esa figura, pero lo que más lamento por el gran perjuicio que ocasionó a nuestro País, fue la devaluación del peso después de muchos años de estabilidad económica con la que crecimos desde nuestra infancia y que vimos rota por este personaje frívolo, egocéntrico y endiosado, embriagado de poder; pues en lo personal después del sacrificio de haber ahorrado para estudiar una maestría en la Universidad de Lousiana, en Baton Rouge, donde previa solicitud había sido admitido, para después de mi titulación, precisamente en 1976, el 31 de agosto, el entonces Secretario de Hacienda Mario Ramón Beteta, por la noche, al llegar al Departamento que rentaba y prender el televisor, daba la noticia un día antes del último Informe de Gobierno de Luis Echeverría de esa debacle. No supe qué decir a mi hermano Francisco quien quedó tambien paralizado, él vivía conmigo y sabía del dinero que había ahorrado para pagar mis próximos estudios y viáticos en dólares, todos mis ahorros automáticamente quedaron a la mitad de su valor; obviamente ese plan de superación personal y aspiracionista se destruyó y cancelé mi inscripción.

Así como mi experiencia personal, seguramente hubo miles en todo el país de variadas consecuencias y de ahí que ya vox populi había dado muestras de cómo criticar de una manera ingeniosa a los gobernantes artífices de sus desgracias y estaba en cartelera desde marzo de 1975 una comedia de teatro que se denominó “Adios Guayabera Mía”, en donde a través de una sátira política se presentaba en el Teatro Frú Frú un grupo de cómicos del momento como lo eran Chucho Salinas, Héctor Lechuga y Leonorilda Ochoa, los tres ya fallecidos; sus actuaciones fueron geniales pues parodiaban hasta la exageración las barbaridades de Luis Echeverría y de la “Compañera María Esther”; con un estilo muy popular a base de interposición de cuadros con distinta escenografía tipo teatro de revista, musicalizados, con libreto y diálogos del experto en comedia y chistes políticos Antonio Ferrer, y coreografías de Roberto y Mitzuko. En la publicidad se aseguraba al público reír durante dos horas.

El pueblo tiene sus formas de desahogo, de venganza y de criticar de forma burlesca a quienes los afectan y hasta llegan a oprimir y una de ellas fueron estas muestras de comicidad como otras más que siguieron posteriores y que ahora recordamos como “La Docena Trágica” (Luis Echeverría y López Portillo), “La corrupción somos todos” (en lugar de “la solución somos todos”), “El petróleo de aquellos Díaz Serrano”, “La corrupción SA” y la más chusca de todas: “¡Agarren a López! Por pillo”.

Cuentan las crónicas de aquella época, sin que esté corroborado, que fue tal la curiosidad de Luis Echeverría, su parentela y colaboradores cercanos, por conocer la obra “Adiós guayabera mía” que de manera secreta la llevaron a representar en la Residencia Oficial de Los Pinos.

Hay políticos quienes gustan de reírse de sí mismos.

P.D. Un adiós y réquiem por Amador Rodríguez Leyaristi, en un tiempo colaborador en estos espacios periodísticos con magníficas reseñas y críticas de cine.

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