Opinión

María Magdalena, ¿esposa, prostituta o santa?

En el cuadro de la Última Cena de Leonardo, un discípulo reposa en el pecho de Jesús. 

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Por: Alejandro Pohls Hernández

En el cuadro de la Última Cena de Leonardo, un discípulo reposa en el pecho de Jesús. Algunos expertos opinan que ese discípulo amado es María Magdalena. Sin embargo, la Iglesia se encargó durante muchos siglos de denostarla como una prostituta, pero nuevos hallazgos la presentan como la discípula preferida e incluso como la esposa de Jesús… María Magdalena desempeña un papel protagónico en los eventos de más trascendencia en la historia de Jesús. 

En 1945, se descubren en Nag Hammadi, Egipto, cerca del monasterio de san Pacomio, unos manuscritos del siglo I y II. Estos muestran una María Magdalena muy diferente a la que nos ofrece la Iglesia, revelan que fue la elegida por Jesús para transmitir su palabra… No existen pruebas históricas de que fuera una prostituta;  entonces, ¿quién fue la verdadera María Magdalena? 

En los documentos de Nag Hammadi se habla de María Magdalena como la más destacada entre los discípulos de Jesús: cuando él da explicaciones y los demás no entienden, ella es la única capaz de ver la luz, recibió enseñanzas de Jesús que los otros no obtuvieron. El evangelio de Felipe dice en un pasaje: “El Salvador amaba a María Magdalena y los discípulos le preguntaban por qué la amaba más que a ellos…”.

Según dicho evangelio, la amaba por encima de todos los demás y “la besaba a menudo en la boca.”

Desde la fundación del reino de Judá se unían en matrimonio dos tribus, la de Benjamín, a la que pertenecía Magdalena; y la de Judá, a la que perteneció Jesús, tal y como se hacía desde la fundación de la casa real de David, con el propósito de dar legitimidad y permanencia a la Sangre Real. Posteriormente, en la época de Jesús, los judíos deseaban ser gobernados por la casa davídica y echar a los romanos de Palestina.

Jesús fue ungido en Betania como Mesías, celebró la ceremonia una mujer, María de Betania, la hermana de Lázaro. Según estudios, ella podría ser la misma María Magdalena, Myriam, princesa benjamita, confidente de Jesús que, por los rituales y su estirpe, podría afirmarse su esposa.

También preparó María el cuerpo para su entierro. Seguramente se encuentra sumida en un gran dolor al ver muerto a Jesús, su mesías, su compañero. Según dice el Nuevo Testamento, cuando regresa al sepulcro, el cadáver de Jesús ya no está ahí. Se conmociona y corre hacia donde están los discípulos para informarles, pero estos no le creen ya que ella es mujer...

Pero sucede algo más trascendente y extraordinario, el momento en que María se encuentra sola cuando alguien le pregunta por qué está llorando; cree que es el jardinero y manifiesta que se han llevado el cuerpo de su señor y no sabe dónde está. Entonces, ella reconoce que quien le habla es Jesús, se queda aturdida y le dice: “Maestro”, y se acerca a él, pero él la detiene...

A pesar de que algunos evangelios fueron proscritos, escondidos y destruidos, María Magdalena no pudo ser enterrada con ellos, ya que es un personaje fundamental en los cuatro evangelios, así que tuvieron que buscarle otra función; quizá por eso naciera la historia para descalificarla del liderazgo en la Iglesia con el epíteto de prostituta, el insulto más grande a una mujer líder.

Por lo tanto, es fácil entender, desde este punto de vista de la comunidad cristiana, que María Magdalena resultase un verdadero problema, por el riesgo de que su figura rebasase el liderazgo de Pedro en la Iglesia.

Así, la compañera más querida de Jesús iba a experimentar su caída y su lapidación histórica, se tenía que encontrar otro papel para ella, una historia alternativa, una falsa que la ocultara: Y la hicieron pasar como prostituta.

Es el momento de revisar y reivindicar el trascendente papel que las mujeres pueden desempeñar, con igualdad de derechos y capacidades, en el quehacer de la Iglesia. Es imperativo eliminar la cultura clerical de la misoginia que ha imperado durante milenios.

No es raro que se nos haya presentado a Eva como el origen del pecado y por consecuencia la pérdida del Paraíso y de ahí el dolor, la culpa y el castigo para toda la humanidad. ¡Cuánta culpa al encanto femenino!

En la obra El Enigma Sagrado, escrito por tres investigadores europeos: Baigent, Leigh y Lincoln y otros textos, concluyen que Jesús casó con María Magdalena, en las Bodas de Canaán.  De esa unión habría nacido una hija, madre del futuro heredero del trono de Israel.

A la muerte de Jesús, la Magdalena y su hija huyeron con José de Arimatea al sur de Francia. Esta hija, a su vez, se casó con descendientes de los merovingios, generándose así un linaje que  constituye  la línea descendente de Jesús, a la que dicen pertenece la nobleza europea.

Godofredo de Bouillón (1060-1100), duque de Bouillón y Baja Lorena, que conquistó Jerusalén en el 1099, se autonombró Rey de Jerusalén. Recuperaría así un trono, apoyado en su “jus sanguinis”, derecho de sangre por su estirpe davídica a la que pertenecía, por descender de Jesús. En ese entonces, no hubo objeción alguna de conciencia del Papa Urbano II ni de los reyes europeos.

A través de este linaje se continúa dando nacimiento a las familias que formaron la nobleza de las primeras casas reales europeas como los Capeto, los Habsburgo, los Aragón, los Anjou… Los restos de la Magdalena descansan en la iglesia de Saint Maximín, en Francia, donde la depositaron y cuidaron los Casianistas durante mil años.

Entonces, mi estimado lector, en su valiosa opinión, ¿quién fue la verdadera María Magdalena? ¿Fue una prostituta, la mujer de Jesús o la santa María Magdalena venerada en el sur de Francia?

Fuentes: Baigent, Michael, 
Las cartas privadas de Jesús, mr-editores

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