Opinión

Método fascista-comunista

Escuchamos con incredulidad lo que propone el presidente López Obrador: hacer una consulta popular para llevar a juicio a los ex presidentes. Algo que sólo se da en los regímenes totalitarios de corte fascista o comunista. 

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Por: Enrique Gómez Orozco

Escuchamos con incredulidad lo que propone el presidente López Obrador: hacer una consulta popular para llevar a juicio a los ex presidentes. Algo que sólo se da en los regímenes totalitarios de corte fascista o comunista. 

Cuando Fidel Castro llega al poder en 1959, era una característica suya enjuiciar, en las plazas y ante la multitud de las masas, a los presuntos opositores o a los traidores. A mi padre le tocó presenciar el juicio sumario en contra de Huber Matos, un compañero de combate de Fidel en la revolución que después fue acusado de traición. Raúl Castro y el Ché Guevara querían fusilarlo. El dictador “lo perdonó” y lo encarceló 20 años por sedición y traición. 

El pecado de Matos fue estar en contra del marxismo y el comunismo que aún somete al pueblo de la isla. 

El incipiente autócrata cubano se deleitaba con la palabra y hacía discursos interminables. En uno de ellos comenzó la narración de la lucha revolucionaria y recordó todas las aportaciones de Matos a la causa. Las virtudes del compañero, su esfuerzo y fortaleza. Luego de una larga exaltación comenzó el “pero”. La cantaleta cambiaba de rumbo hacia la traición. Matos falló a la revolución y se convirtió en enemigo, decía Fidel. Entonces preguntaba a la masa: ¿qué haremos con Huber? y el público contestaba con bongó “¡paredón, paredón; paredón, paredón!” en tono musical.

No todos los sometidos a juicio sumario tuvieron la misma suerte que Matos y fueron fusilados por la decisión del dictador. Sin importar si eran o no culpables de las acusaciones, el sanguinario Fidel ordenó su ejecución. Carecía del menor sentimiento humano. Por eso nunca comprendimos a los “intelectuales” de izquierda que apoyaban su régimen, incluida la diplomacia mexicana que cobijó sus atrocidades para usarlo como palanca contra Estados Unidos. 

En México, la primera arbitrariedad de nuestro actual régimen comenzó cuando el presidente electo hizo una “consulta popular” para destruir el NAIM en Texcoco sin sustento. Siguió con la consulta arbitraria en Mexicali donde destruyeron una inversión de  1,200 millones de dólares, también fuera de la ley porque la cervecera Constellation Brands tenía todos sus permisos en orden. 

Sigue ahora la prohibición de una inversión enorme para producir amoniaco en Sinaloa, fertilizante indispensable para la producción agrícola del país. De nueva cuenta habrá una “votación popular”. Cuando el Presidente rompe la ley y recurre a figuras dictatoriales de circo romano, la seguridad jurídica en el país se desvanece. Los emperadores preguntaban al pueblo si el gladiador o el cristiano debería vivir o morir. “Lo que diga mi dedito”, contestaba el emperador y el dedo gordo iba hacia arriba o hacia abajo. 

López Obrador dice que el pueblo debe decidir si se juzga o no a los ex presidentes. Una aberración. Si hay delitos cometidos, existen leyes vigentes y tribunales para procesarlos después de una denuncia. No tiene derecho a sentenciar como los dictadores Fidel Castro, Mao, Stalin o Hitler. Ante tanta ilegalidad, la crítica periodística en todos los medios y en las redes sociales sube de tono. Felipe Calderón, a quien el Presidente le encantaría juzgar y sentenciar porque “no olvida”, defiende con toda su integridad y acusa una persecución política y el delito de calumnias desde las mañaneras. Lo hace bien porque es un gran orador, y aunque se diga molesto, sabe que puede usar esas acusaciones como un bumerán para la contienda electoral del 2021 que ya comenzó. (Continuará)

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