México machista

Las candidaturas a gobernador de dos machos confesos –Félix Salgado Macedonio y Jorge Hank Rhon– reflejan la perniciosa fuerza de la misoginia y evidencian el fracaso del sistema de partidos mexicano. 

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Por: Sergio Aguayo

Las candidaturas a gobernador de dos machos confesos –Félix Salgado Macedonio y Jorge Hank Rhon– reflejan la perniciosa fuerza de la misoginia y evidencian el fracaso del sistema de partidos mexicano. 

Salgado y Hank nacieron con un año de diferencia (1957 y 1956 respectivamente). El primero militó en la izquierda, el segundo en el PRI. Personifican al machismo cerril que alardea de tratar a las mujeres como seres inferiores, como objetos sexuales, como pañuelos desechables.

Si aspiran a cargos importantes es porque los partidos políticos y sus líderes los justifican y protegen, ignorando su historial y al movimiento feminista. Para defender a Salgado, acusado de violación, el presidente Andrés Manuel López Obrador repite que lo verdaderamente importante es “preguntarle al pueblo de Guerrero” (con encuestas) para luego denunciar, sin presentar evidencia, la existencia de un complot conservador. 

El dirigente del Partido Encuentro Solidario –socio de Morena–, Hugo Eric Flores, justificó la candidatura de Hank Rhon a gobernador de Baja California recordando su éxito económico. “Podrán decir lo que quieran” pero Tijuana “es un polo de atracción de inversión económica”, esto, según él, gracias al polémico empresario. Mal anda México cuando el partido que promete una regeneración espiritual postula a quien presumiera que las mujeres son su “animal favorito”, ha estado en prisión y tiene acusaciones de complicidad con el crimen organizado y de estar involucrado en el asesinato del periodista Héctor Félix Miranda, “El gato”. 

Estamos ante un patrón. Todos los partidos buscan candidatos que les den votos, independientemente de su historial ético, de su experiencia profesional o de su vocación de servicio. A quienes dirigen los partidos solo les interesa seguir siendo parte de ese oligopolio multimillonario que controla la vida pública mientras se enriquecen (este año recibirán de prerrogativas federales unos 7,157 millones de pesos, más los recursos entregados por las 32 entidades). Una mafia voraz que tuvo el cinismo de poner en la Constitución la obligación de recibir incrementos anuales. 

Su desprecio a la ciudadanía es correspondido. En septiembre de 2020 solo el 12 por ciento de la población tenía una buena opinión de los partidos (Mitofsky). Sabedores de su desprestigio, los partidos se blindan de varias maneras. Una de ellas es prohibir a los ciudadanos interponer quejas ante las comisiones de honor y justicia (solo pueden hacerlo sus militantes). 

Las autoridades electorales deben actuar ante la crisis sistémica de los partidos y la exclusión metódica que hacen de una ciudadanía a la que dicen representar. Deben hacerlo porque los partidos están carcomiendo nuestra democracia marchita. Entre otras consecuencias negativas –y haciendo a un lado excepciones bien significativas–, han ido llenando a las dependencias del Estado de funcionarios ineptos. Sólo piensan en seguir explotando una mina de oro y son incapaces de atender las aspiraciones y necesidades de una sociedad herida por los carteles criminales, la corrupción, la inequidad, el COVID, el deterioro ambiental y la violencia de género. 

A quienes rechazamos candidatos representativos del México macho nos queda, en el corto plazo, apoyar las protestas de los movimientos feministas que culminarán el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Ellas han tomado a Salgado y a Hank como paradigma de un sistema patriarcal opresivo e injusto. 

Propongo que el día de las urnas –6 de junio– solo apoyemos candidatos con un historial de integridad y disposición a rendir cuentas y atender a sus representados. Ya basta de irnos por el menos malo. Si ninguno nos satisface optemos por la abstención o el voto nulo. Son opciones tan legítimas como involucrarse en los múltiples movimientos y organismos creados por la sociedad para defender sus intereses y vigilar a los gobernantes. 

El feminismo es uno de los temas que más se le atragantan al presidente de la República. Ante cada protesta o movilización responde con justificaciones y descalificaciones sonoras pero endebles. Con su defensa de la candidatura de Salgado Macedonio se coloca abiertamente en las filas de ese México machista que tanto daño nos ha hecho. Se aparta, así, de los vientos que están renovando este siglo. 

@sergioaguayo

Colaboró: Sergio Huesca Villeda

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