Mirar hacia el Norte

Hay una pregunta muy sencilla que nos muestra la realidad de la votación mexicana respecto a Estados Unidos y otros países.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Hay una pregunta muy sencilla que nos muestra la realidad de la votación mexicana respecto a Estados Unidos y otros países. Si Estados Unidos abriera sus fronteras a la emigración mexicana con un millón de visas de trabajo o green cards, ¿cuánto tardarían nuestros connacionales en llenarlas? Creo que pocos días. 

Decimos que los paisanos que brincan la frontera, con o sin papeles, votan con los pies. Caminan hacia la libertad y prosperidad que da el país más desarrollado del mundo. Quienes logran la residencia tienen la nostalgia del terruño pero sólo regresan a México por turismo o visitar familiares. Los mexicanos que logran estancia legal de trabajo o ciudadanía norteamericana obtienen el equivalente a unos 700 mil dólares en activos físicos y sociales: carreteras, escuelas, hospitales, aeropuertos, universidades, servicios públicos y privados, estadios…infraestructura acumulada durante décadas.

Los beneficios de vivir en un país desarrollado del primer mundo lo comprenden todos quienes emigran, ya sean tunecinos a España, angoleños a Portugal o sirios a Alemania. 

Si Cuba abre sus puertas a los trabajadores mexicanos, por absurdo que sea el planteamiento, nadie iría a trabajar a la isla. Hacemos la misma pregunta: si México ofreciera papeles de trabajo a los cubanos, ¿cuántos vendrían? Es probable que miles pero con la ilusión de pasar la frontera a Estados Unidos para llegar a Miami. 

El modelo que todos deseamos para el futuro tiene las cualidades de una sociedad abierta, segura y próspera, donde la esperanza de crecimiento y desarrollo sea mejor para nuestros descendientes. El modelo está ahí y no lo aprovechamos. 

Mientras escribo estas letras, China y Estados Unidos discuten diferencias de comercio y de política exterior. Los asiáticos han actuado de forma extraña, por decir lo menos. Castigan a sus empresas que cotizan en la bolsa norteamericana; prohíben a la educación privada tener utilidades y establecen políticas arbitrarias a la inversión extranjera. A pesar de todo el comercio entre los dos países no decae. 

Para México es una oportunidad porque las empresas norteamericanas y europeas perciben mayor riesgo de invertir en China. México es el lugar ideal para cambiar el destino de su dinero. El potencial de nuestro país en energías limpias, turismo, manufactura, salud, retiro y minería, pueden ayudar a que volvamos a crecer. Sin embargo, estamos más preocupados en apoyar la dictadura más vieja y pestilente de Latinoamérica. 

Pero no sólo es una oportunidad para empresas de Norteamérica sino para capitales de todo el mundo, incluidos los chinos que ven con temor la mano dura de su gobierno. Si cuidamos nuestros tratados de libre comercio y damos garantías de que no cambiaremos las reglas por antojo de un tipo como Bartlett, las inversiones vendrán, tendremos más y mejores empleos, y sobre todo, la esperanza de un futuro mejor. 

Guanajuato y los estados del Bajío deben actuar ya, usando todos los recursos necesarios para establecer oficinas de atracción de inversiones en Estados Unidos, Europa y Asia. Tenemos que sembrar. Cada peso invertido en atraer industria se multiplica por cien o mil. Trae desarrollo tecnológico, capacitación y competencias para los trabajadores. Lo vemos en todas las plantas automotrices. Además debemos adelantarnos al cambio sísmico que viene en la era post energías fósiles. 

Aunque no sea romántico como el canto latino, debemos mirar hacia el Norte. Ahí está.

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