Mis recuerdos sobre Rutherford

El título de este artículo corresponde al de una conferencia impartida por Piotr Kapitza en la Royal Society en Londres en 1966.

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Por: Vicente Aboites

El título de este artículo corresponde al de una conferencia impartida por Piotr Kapitza en la Royal Society en Londres en 1966. Kapitza consideraba que entre más grandes son los logros de un científico, de forma más concisa y exacta estos se pueden describir. Ernest Rutherford creó las teorías modernas sobre la radiactividad siendo el primero en realizar la desintegración artificial del núcleo y el primero en determinar la estructura planetaria de los átomos.  Esto a su vez condujo al surgimiento de una nueva rama de la ciencia llamada física nuclear.

Kapitza inició su conferencia recordando el congreso que en 1931 se celebró en el Laboratorio Cavendish en Inglaterra, en memoria del centenario del nacimiento de James Clerk Maxwell, científico extraordinario a la altura de Newton y Einstein, quien fue el primer director de ese Laboratorio el cual posteriormente fue dirigido por Rayleigh, J.J. Thomson y en ese momento por Ernest Rutherford. Vale subrayar que Kapitza, Rayleigh, Thomson y Rutherford recibieron todos el premio Nobel, de hecho del Laboratorio Cavendish han salido veintinueve galardonados con este premio.

En esa Conferencia, después de la reunión solemne en donde intervinieron los discípulos de Maxwell quienes hablaron sobre sus recuerdos, Rutherford le preguntó a Kapitza si le habían gustado las intervenciones, el cual respondió: “las exposiciones fueron interesantes pero me asombró que todos hablaron sobre Maxwell exclusivamente lo bueno y lo presentaron como un extracto de azúcar y yo quisiera ver a Maxwell como un individuo realmente vivo, con todos sus rasgos y deficiencias humanas, las cuales, claro está, están presentes en el individuo, independientemente de lo genial que haya sido”.

Rutherford se rió y le respondió que le asignaba la tarea de hablar, después de su muerte, a la siguiente generación, sobre cómo él, Rutherford, fue en la realidad. Al intentar cumplir esa promesa Kapitza en 1966, expresó lo natural que es dejar que el tiempo borre las pequeñas deficiencias humanas de un gran individuo como Rutherford, quedando solo un individuo extraordinario, con asombrosa inteligencia y altas cualidades espirituales, añadiendo con humildad: “Ahora entiendo bien a los discípulos de Maxwell”.

Los recuerdos sobre Rutherford inevitablemente llevaron a Kapitza a realizar reflexiones, basadas en el proceder científico de Rutherford, de profunda importancia para la filosofía de la ciencia. Por ejemplo, dice: “El camino principal por el cual se desarrollan las ciencias naturales consiste en que, mediante el estudio experimental de los fenómenos de la naturaleza, constantemente comprobamos si nuestras observaciones están de acuerdo con nuestras representaciones teóricas. El progreso de nuestros conocimientos de la naturaleza ocurre cuando entre la teoría y el experimento surgen contradicciones. Estas contradicciones brindan la clave para un entendimiento más profundo de la naturaleza y nos obligan a desarrollar nuevas teorías.  Mientras más grandes son estas contradicciones, más fundamentales serán las reestructuraciones de las leyes con las cuales explicamos los procesos que ocurren en la naturaleza, y que influyen en nuestro desarrollo cultural. En la ciencia, como en la historia, una determinada etapa del desarrollo exige su genio. En la historia del desarrollo de la física, como en cualquier ciencia experimental, los momentos más interesantes son aquellos en que se reanalizan las concepciones científicas fundamentales y para esto se exige del científico, no solo inteligencia e intuición, sino también una valiente fantasía”.

Poner estas palabras en contexto no es difícil recordando que antes de Rutherford el modelo atómico aceptado era el de Thomson, llamado “pastel de pasas”, consistente en la idea de que el átomo es una pequeña esfera homogénea que contiene electrones como pasas dentro de un pastel. Además, había la idea de que los átomos son estructuras inmutables. 

Todas estas ideas fueron desechadas con las aportaciones de Rutherford sobre la estructura nuclear del átomo y la radiactividad, mostrando que los átomos no son inmutables, sino que se pueden “romper” o fraccionar.

Rutherford demostró una extraordinaria fantasía, inteligencia e intuición para hacer deducciones correctas sobre la estructura del mundo que nos rodea a partir de la información experimental disponible.

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