No es lo mismo afgano que centroamericano...

Cuando la aplicación de la ley es selectiva, no hay legalidad ni justicia.

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Por: Jorge Marcelino Trejo Ortiz⃰⃰⃰

Cuando la aplicación de la ley es selectiva, no hay legalidad ni justicia. Esto es lo que presenciamos en la crisis migratoria y humanitaria por el paso de miles de centroamericanos y caribeños por nuestro país, y su deportación masiva tanto de Estados Unidos como de México.

El trato a los inmigrantes afganos que huyen del régimen talibán es un ejemplo de solidaridad y empatía. México les da visas humanitarias y los recibe con los brazos abiertos y no solo el Gobierno, sino incluso ciudadanos que no dudan en abrirles las puertas de sus hogares.

En cambio, hemos visto escenas de trato inhumano y discriminatorio hacia los migrantes centro y sudamericanos. No importa si se trata de niños o mujeres, las golpizas son la tendencia en redes sociales, pero hay un trasfondo: una política migratoria que obedece más a los intereses de Estados Unidos que a los de México.

El Instituto Nacional de Migración (INM) hace deportaciones masivas de por lo menos 5 mil personas cada semana en situaciones donde no se respetan los tratados internacionales en derechos humanos.

Desde esta semana que terminó, los migrantes que manda EU por aire hacia Chiapas y Tabasco, son expulsados por el Gobierno mexicano hasta Honduras, cruzando por tierra guatemalteca.

Agencias de noticias dan cuenta de los operativos violentos por parte de agentes del INM y de la Guardia Nacional para impedir que los migrantes que esperan proceso de asilo en Chiapas avancen hacia el centro del País.

Autoridades mexicanas dejan a su suerte en territorio guatemalteco no solo a hombres sino a menores de edad y mujeres embarazadas, no valen el llanto y las súplicas.

Los tratos que no queremos que les den a nuestros compatriotas en la Unión Americana, se los estamos dando a los centroamericanos que no dejan de ser nuestros hermanos, porque tan solo hay que recordar todo el territorio que conformaba la Nueva España.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) brilla por su ausencia en esta problemática porque se trata de una presidencia impuesta por el Gobierno federal. Las que se han hecho presentes son la Procuraduría de los Derechos Humanos de Guatemala y la organización Asylum Acces México.

Estos organismos han señalado que desde Monterrey y Ciudad Juárez los indocumentados extranjeros son trasladados en avión hacia el sur y desde el sur son repatriados en autobuses de líneas privadas, de ETN y otras de turismo, con un cartelito en el frente que dice INM.

Otro fenómeno es el del incremento de menores de edad, que se ha triplicado en este año con relación al mismo periodo del año pasado. El INM reporta un total de 32 mil 427 niños y adolescentes que ingresaron de manera irregular a nuestro País.

La mayoría de los menores van acompañados, pero del total referido, sumaron 8 mil 525 que viajaban solos, con el doble de riesgos que cuando se trasladan en compañía de adultos.

¿Por qué se incrementó tremendamente el número de menores migrantes? Porque las reformas a la Ley de Migración indican que un menor no puede ser detenido ni llevado a una estación migratoria, sino a un albergue en el que se les dé atención digna.

Los traficantes de personas, mejor conocidos en México como polleros, sabedores de la ley, recomiendan a los migrantes que se hagan acompañar de menores, para que no sean arrestados.

Sin embargo, ante el ajuste de la ley y por el desborde de indocumentados, quienes para llegar al sueño americano primero viven la pesadilla mexicana, los centros DIF se encuentran rebasados en los estados, al convertirse en albergues.

El Presidente mexicano insta a los Estados Unidos a que se implementen acciones para atacar las causas antes que los efectos de la migración, pero no se trata de un asunto bilateral, sino un problema de la región en el que todos los mandatarios de norte y Centroamérica asuman compromisos precisos y contundentes.

Tanto los mexicanos como salvadoreños, guatemaltecos, hondureños, haitianos, beliceños, cubanos y sudamericanos, no se van de sus países por gusto, sino porque las condiciones de vida no son las óptimas, ni siquiera fundamentales.

Las naciones tienen que reencauzar sus políticas públicas en las que se privilegie la dignidad de cada persona y, en forma inherente su familia, para que tengan las oportunidades de disfrutar de sus derechos como seres humanos en la búsqueda natural de la felicidad.

Nunca más escenas en las que se violen las garantías individuales de hombres y mujeres que llevan a sus hijos, no como escudos humanos, sino como partes esenciales de la célula social que es la familia.

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