Otro camino (Primera parte)

La organización llamada FRENAA, o Frente Nacional Anti-Amlo, cobra fuerza en las ciudades del país.

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Por: Enrique Gómez Orozco

La organización llamada FRENAA, o Frente Nacional Anti-Amlo, cobra fuerza en las ciudades del país. Una clase media golpeada por la crisis y la amenaza de que México vaya por el camino de Venezuela, hace sentir su desacuerdo a través de “marchas” con caravanas de automóviles. Cada quincena van por las calles con pancartas de “Fuera López Obrador”; “No queremos un país comunista”, “López ya vete”. 

El claxon de los manifestantes suena con las cinco Ta-ta-ta ta, ta, la famosa representación auditiva del peor insulto que puede recibir un mexicano. El Presidente responde llamándolos panistas, fifis y conservadores. 

Gilberto Lozano, quien desde Monterrey pide cárcel para López Obrador, atiza el enojo y convierte la desesperación de millones en el rodar de caravanas. Lo que vende es “Frenar a AMLO”, sacarlo de Palacio Nacional. 

El problema con esa propuesta es que está vacía. Ni López Obrador se va a ir, ni la réplica a su odio debe ser más odio porque lo único que se logrará es radicalizar a la gente que votó por él. El desahogo ayuda a decir: este país no es de un sólo hombre y nadie puede imponer un gobierno autoritario dentro de una democracia. 

Pero hay formas distintas de plantear el futuro. López Obrador se irá dentro de cuatro años cuando mucho. Dentro de nuestra historia será un intento fallido de transformación. No porque México no la necesite, sino por la incompetencia de su gabinete y lo absurdo de sus planteamientos económicos y políticos. Por su ánimo pleitero, lejos de la unidad.

Si levantamos la vista hacia el horizonte, veremos que el problema es plantear un futuro distinto al que vivimos. De acuerdo, se va López y ¿luego qué sigue? Nadie quiere regresar a los fallidos sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. Menos a la corrupción sistémica  de Enrique Peña Nieto y del PRI. 

¿Qué queremos?

Morena ganó porque prometió terminar con la corrupción. Lo mismo había dicho Vicente Fox. Quería quitarle la mazorca del hocico a los marranos del PRI. Luego gobernó sin pena ni gloria y de la mano de esos “marranos”. (Bueno, al menos no hizo desastres mayores y vivíamos en paz).

Tampoco queremos regresar a los palos de ciego de Felipe Calderón, a su nulo esfuerzo por eliminar la corrupción. Él y Fox usaron las estructuras heredadas por el PRI. Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps son muestra del concubinato político del PAN y el viejo PRI. 

Una verdadera transformación hubiera requerido traer a cuentas a los responsables mayores de la corrupción del sexenio anterior. Para comenzar, Peña Nieto tendría que explicar la fantástica fortuna de sus socios y prestanombres. Elba Esther también. Igual Romero Deschamps. Si las escaleras se barren de arriba hacia abajo, si la corrupción se combate de la misma forma, sólo vemos a una desesperada Rosario Robles en la cárcel y a Emilio Lozoya litigando desde España. Robles es corresponsable de la Estafa Maestra pero muy lejos de ser la única en la danza de desvíos. Existe en la opinión pública la idea de que la guardaron por venganza, no por justicia. 

pers, quien comenzó el cambio dentro de Acción Nacional para dejar luego los cimientos de su triunfo en el 2000, decía con sabiduría: “Cambiaremos a México sin odio y sin violencia”. 

México requiere el mejor oficio de la política para transformarse. A gritos y sombrerazos, a mentadas e insultos lo único que se logra es dividir, precisamente lo que quiere hacer la 4T para cumplir con sus fines de autoritarismo tropical. (Continuará) 

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