Opinión

Otro camino (Segunda parte)

Vemos en el horizonte nacional el gran escollo del autoritarismo y el regreso al modelo de un partido único y dominante.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Cambiaremos a México sin odio ni violencia”, Manuel Clouthier

Vemos en el horizonte nacional el gran escollo del autoritarismo y el regreso al modelo de un partido único y dominante. Vemos los graves daños que ya provoca al presente, pero sobre todo al futuro de las nuevas generaciones. Así que debemos luchar de nueva cuenta por la democracia, la pluralidad política y el imperio de la ley bajo instituciones sólidas. 

La tarea es enorme: rescatar a México de las manos de un solo hombre. 

La mejor forma de hacerlo no es a gritos y sombrerazos; a mentadas y pitidos. Puede hacerse con sensibilidad e inteligencia. Hay ejemplos en la historia que nos dejan la piel china de emoción. 

Gandhi encabezó La Marcha de la Sal, de resistencia civil en 1930. Un camino al que se unieron 12 kilómetros de seguidores en contra del monopolio inglés de la sal en la India, símbolo de la opresión imperial. Fue el principio de la independencia. Sin violencia, con el poder de la razón y el corazón, derrotó al Imperio Británico después de la Segunda Guerra Mundial. 

Nelson Mandela sufrió 18 años confinado en una celda minúscula en la cárcel de Robben Island en Sudáfrica por su indomable lucha ante los abusos raciales del apartheid  segregacionista. Su respuesta, después de la privación de la libertad, no fue desatar el odio y la venganza de la mayoría negra contra la minoría blanca opresora. Superó sus demonios para construir un país de todos. Sudáfrica no termina de resolver la injusticia y se puede ver en las favelas de millones de segregados económicamente en Ciudad del Cabo o en Johannesburgo, pero al menos ya gobierna la mayoría y todos tienen los mismos derechos. 

En nuestro México, escucho en el futuro un canto de unión, veo una bandera plural de colores e ideas que cubre a todos, donde hay un nuevo himno que fomenta la armonía y la concordia. Nada blando, nada débil, por el contrario, con toda la fuerza y la pasión de nuestro carácter nacional. Con la participación vital de las mujeres y los jóvenes. Una fortaleza que surge más allá de los partidos, que incluso exige la conformación de ese Frente Unido como base de cualquier apoyo electoral. 

El consenso está ahí, claro, nítido: para ganar a Morena en el 2021 tiene que existir un Frente Unido de los partidos de oposición. La idea es muy sencilla: la administración de López Obrador ha sido un desastre y el país se encamina al abismo. Malas cuentas en la economía, en seguridad pública y en la misma corrupción que se iba a combatir. Por si fuera poco tenemos graves problemas con la salud pública y el control de la pandemia.

Los asesores de Morena lo saben y se inventan un panfleto llamado BOA o “Bloque de Opositores Amplio”. En el fondo proyectan el temor a una oposición unida, que eche montón  contra el “bloque” conformado por Morena, el PT y el Verde. 

La mayoría ya se dio cuenta del daño, por eso el apoyo al Presidente se derrite. Del 80% al principio del sexenio, llega al 46.1%, según la encuesta de Roy Campos. Otras encuestas vendrán después del Covid con números iguales o peores a los de hoy. Con un gobierno astringente, que todo lo seca, no puede existir una votación mayoritaria a su favor. 

Lo primero es creer en nosotros mismos y en quienes se equivocaron al votar por un modelo populista de izquierda tropical. Buena parte de ellos sentirán pronto en su ingreso familiar, en la pobreza creciente que no vamos por el camino correcto. 

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