Pacto de impunidad

En Guanajuato como en todo el país, tenemos una larga historia de peculados, robos, moches y corruptelas que podemos ver a simple vista.

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Por: Enrique Gómez Orozco

En Guanajuato como en todo el país, tenemos una larga historia de peculados, robos, moches y corruptelas que podemos ver a simple vista. Nadie hace algo por un cambio verdadero. Son denuncias que nunca proceden porque no hay y nunca ha habido  instituciones independientes que tengan el poder real de perseguir la corrupción. Porque no hubo ni hay voluntad política.

El viernes decía que la culpa del desastre que vivimos fue del PAN y del PRI. La llegada de López Obrador al poder sólo se explica por el hartazgo de la gente ante la impunidad con la que gobernadores de esos partidos llenaban las bolsas a la luz del día. Obras con sobreprecio, moches multimillonarios a diputados y el saqueo más horroroso en las compras de bienes y servicios con porcentajes del 10 al 20 por ciento de mordida. 

Podríamos escribir una enciclopedia con los nombres de Javier Duarte, Fidel Herrera, César Duarte, Juan Manuel Oliva, los Moreira, Arturo Montiel y el propio Peña Nieto. Los recursos de Pemex dilapidados en los estados; los sindicatos repletos de privilegios y prebendas y sus líderes con riquezas inimaginables como la de Elba Esther Gordillo o del propio Napoleón Gómez Urrutia

Todo pasó por la mirada distraída o cómplice de los gobernantes durante los dos sexenios del PAN. Recuerdo que en el sexenio de Juan Manuel Oliva se cometían ilícitos como comprar tierras a través de particulares o encarecían obras al doble o la familia del gobernador recibía concesiones y festejos a cargo del DIF. El abogado Paulino Lorea presentó una denuncia con pelos y señales a la Procuraduría de Justicia. Jamás fue atendida. Luego la llevó a la Procuraduría General de la República y nadie hizo caso. 

Pensamos que al arribo del PRI en 2012, la nueva administración tomaría cartas en el asunto; no les interesó. Siempre sospechamos algo que luego se hizo claro: había un pacto no escrito de impunidad. Ni Fox ni Calderón se molestaron en establecer mecanismos anticorrupción. Lo más que se logró fue una ley de transparencia que funciona a veces sí y otras no. Oliva guardaba en secreto todo lo que se le ocurría y Miguel Márquez jamás transparentó temas como el proyecto Escudo o las presuntas corruptelas de diputados o alcaldes. 

Por lo menos escuchamos varias veces a gobernantes y funcionarios decir que iban a tomar acciones decididas para castigar tal o cual trapacería. Que si en el ISSEG había desvíos por 60 millones, que si en León no permitirían el saqueo de hace seis años, que ahora sí viene el fin de la impunidad. Puro cuento. 

Un día le ofrecí a Miguel Márquez las pruebas de tres alcaldes que estaban robando a manos llenas en Salamanca, Irapuato y León. Sólo esbozó una sonrisa. Su compadre hacía de las suyas al amparo del poder. 

En resumen, el PAN liderado por la mano yunquista de Elías Villegas, jamás tuvo la menor intención de lograr cambios democráticos de gran calado. Ni siquiera vemos que tenga esa voluntad ahora que tanto se quejan de López Obrador. Es una lástima, porque eso ha costado tiempo, recursos, vidas (miles de vidas)  y la oportunidad de convertirnos en un estado ejemplar. 

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