Patadas al pesebre(Primera parte)

ARTÍCULO 2o.- El Banco de México tendrá por finalidad proveer a la economía del país de moneda nacional. En la consecución de esta finalidad tendrá como objetivo prioritario procurar la estabilidad del poder adquisitivo de dicha moneda.

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Por: Enrique Gómez Orozco

En pocos días el peso perdió el 7% de su valor, de 20 pesos pasó a 21.50 por dólar. Los expertos ven dos causas: la subida de intereses en Estados Unidos con el fortalecimiento de la moneda norteamericana y la incertidumbre creada por el titubeo presidencial. 

López Obrador propuso hace medio año al ex secretario de Hacienda, Arturo Herrera para gobernar el Banco de México a partir de enero del 2022. Postulación que dio certidumbre a los mercados financieros y a los inversionistas. Por alguna razón desconocida, lo descarriló desde agosto con un mensaje envíado al Senado y lo comunicó al propio Herrera hasta principios de noviembre, algo aún más extraño. Más tarde nombró a la subsecretaria de Hacienda, Victoria Rodríguez Ceja, una funcionaria de segundo nivel que no tiene la formación, la experiencia ni los contactos internacionales que debe tener un gobernador del Banco de México.

La ley dice que el banco central tiene como prioridad cuidar la estabilidad de precios, que no haya inflación pues. En otros países como Estados Unidos, la Reserva Federal tiene un doble mandato: cuidar la inflación y el crecimiento económico para evitar el desempleo. Después de la pandemia y sus estragos, la FED decidió aumentar su balance, es decir, imprimir todo el dinero necesario para dar liquidez a los mercados y reducir las tasas de interés prácticamente a cero. 

Lo mismo hizo el Banco Central Europeo. Bajaron tanto las tasas en Alemania, por ejemplo, que hoy los bancos cobran por tener dinero depositado. Jerome Powell, gobernador de la FED y la secretaría del Tesoro, Janet Yellen, prefirieron una tasa de inflación alta a una recesión dolorosa y dejar en la calle a millones de personas. El propio Banco de México inyectó recursos a la banca nacional para evitarles un desastre y también bajó las tasas. 

Nuestro banco central pierde dinero todos los días con las reservas que tiene en bonos del Tesoro norteamericano. Las tasa de interés que pagan son entre 3 y 5 por ciento menos que la inflación medida en el último año. Otros países ricos con fondos soberanos han ganado hasta un 20 por ciento diversificando sus inversiones. Noruega y Singapur son dos ejemplos. Sin embargo, esos países pueden darse el lujo de invertir en mercados accionarios de riesgo,  bonos convertibles y directamente en empresas internacionales.

La diferencia con México es que son países ricos que no necesitan un ancla para dar seguridad a su moneda. A nosotros nos cuestan mucho esas reservas casi inmovilizadas, si lo vemos en forma aislada, pero son fundamentales para controlar la macroeconomía. Los 198 mil millones de dólares en reservas impiden que el peso vuele a 30  pesos por dólar; ayudan a que millones de hipotecas, créditos de autos, de empresas y del propio gobierno, contengan el precio más importante: el del dinero con sus tasas de interés. 

La ortodoxia dice que para contener la inflación no hay como subir el precio del dinero. Veneno contra veneno. Tasas altas de interés contra tasas altas de inflación. La meta de inflación está entre el 3 y 4% pero ya superamos el 7%. Todos lo sufrimos: personas, empresas y ahorradores. También los gobiernos de los tres niveles. Pero eso no es nada comparado con lo que sucedería si al Presidente y sus consejeros se les antoja ir por las reservas del Banco de México  con un cambio de política monetaria y poner a un gobernador advenedizo en la institución. (Continuará)

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