Opinión

¿Podemos tener paz en medio de la pandemia?

“La maravilla nos eleva invitando a nuestro paisaje interior a estados mentales serenos, vastos y abiertos que generan un sentimiento de adecuación con el mundo…”

Matthieu Ricard

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Por: Enrique Gómez Orozco

Le llamaron el “hombre más feliz del mundo” y representa los valores espirituales y filosóficos del budismo, aunque nació en Francia y obtuvo un doctorado en genética molecular en el Instituto Pasteur.

Matthieu Ricard, un científico que se convirtió en monje al viajar al Tíbet, es hijo de otro gran francés: Jean François Revel, el prototipo del hombre secular con una cultivada educación liberal y democrática europea.

Al darle un vistazo a los periódicos donde la pandemia hace estragos, tropecé con una entrevista que le hace Le Monde en su edición de ayer. Frente a la ansiedad y el sufrimiento interno producido por la lucha presente y futura, Ricard nos recuerda que la interdependencia entre el hombre, la naturaleza y las demás especies es el “antídoto contra la autodestrucción de la humanidad”.

Ricard viajó por todo el mundo como fotógrafo y traductor del Dalai Lama; conversó con su padre en un libro célebre llamado “El Monje y el Filósofo”, donde contrastan el ámbito del pensamiento budista con la filosofía y los valores de la democracia europea del Siglo XX.

Nunca supe si Revel, el padre, fue igualmente feliz que su hijo, pero hace algunos años comprendí al filósofo que advirtió sobre las amenazas totalitarias como el comunismo y el nazismo. El mismo reto que hoy tenemos en México frente al dogmatismo deslustrado de la llamada Cuarta Transformación.

Para enfrentar el futuro, Ricard propone la máxima budista: no causar sufrimiento al hombre, no causar dolor a las demás especies y no hacer daño a la Tierra. Pero, ¿cómo adecuar nuestro pensamiento ante el reto más grande de nuestra existencia?, ¿cómo asimilar el daño y el sufrimiento humano que causa ya la epidemia? Podemos tratar de elevar nuestro paisaje interior a través de la meditación o la contemplación mística para adecuarnos al mundo, pero resulta indispensable saber que la ciencia pueda lograr una vacuna lo más pronto posible.

Es común leer en múltiples publicaciones que todo cambiará a partir del Covid-19. “Ya no será como antes”, aunque la realidad y la historia nos dice que ninguna época fue semejante a la anterior. Emparentados más con el pensamiento de Revel -quien fuera maestro de filosofía y liberal antidogmático  vemos el mundo desde la óptica científica a la que el propio doctor Ricard renunció.

¿Dónde está la verdad? Desde hace algunos años no tengo duda: en la ciencia. ¿Dónde está la paz y por tanto la felicidad? Ricard la descubre lejos de los laboratorios de la biología molecular, en la belleza del Himalaya y el pensamiento budista. Absorto en su descubrimiento espiritual, predica por el mundo esa coherencia indispensable de la humanidad para evitar el sufrimiento.

Pero es indudable que la humanidad aprenderá con el reto de la pandemia en las ciencias y, con suerte, en los valores orientales de armonía con nosotros mismos, con las demás especies y la Tierra, nuestro hogar por ahora irrenunciable.

El Covid-19 surge como otras pestes y esta vez cobrará una centésima parte de las víctimas que hubo en tiempos pasados. La ciencia médica, las comunicaciones y el conocimiento de los fenómenos económicos harán menos dolorosa y duradera esta pandemia. Todo tiempo futuro será mejor.

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