Política científica en Estados Unidos

Muchos recordamos, con una mezcla de incredulidad y pavor, cuando el presidente Trump afirmó que la pandemia de Covid-19 estaba, “totalmente bajo control”, que “solo era el virus de una gripe común”.

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Por: Vicente Aboites

Muchos recordamos, con una mezcla de incredulidad y pavor, cuando el presidente Trump afirmó que la pandemia de Covid-19 estaba, “totalmente bajo control”, que “solo era el virus de una gripe común”, que “pronto desaparecería”, y proponía que contra este virus las personas afectadas se inyectaran desinfectante y otros productos de limpieza o que usaran lámparas de luz ultravioleta, a la vez que afirmaba que él era excepcionalmente inteligente.  Las citas -traducidas al español tan fielmente como me es posible dado el peculiar estilo del señor Trump- son las siguientes:

Y entonces yo veo que el desinfectante mata todo en un minuto -un minuto- ¿habrá alguna forma en que podamos hacer algo como inyectar por dentro, o casi como una limpieza? Porqué ustedes verán al llegar a los pulmones hace cosas tremendas en los pulmones ¿sería interesante verificar esto?” [4/24/20].

El hecho científico es que bajo ninguna circunstancia se deben de aplicar productos de limpieza al cuerpo como cura del coronavirus. Después de los comentarios anteriores, los ejecutivos de las empresas Lysol y Dettol inmediatamente emitieron el siguiente comunicado: “Como líderes mundiales en productos de higiene y salud, debemos aclarar que bajo ninguna circunstancia nuestros productos desinfectantes deberán ser administrados al cuerpo humano (ya sea por inyección, ingestión o cualquier otra ruta)”. El especialista en política de salud Dr. Gupta también comentó lo siguiente: “La idea de inyectar o ingerir cualquier tipo de producto de limpieza en el cuerpo es irresponsable además de peligrosa”.

“Supongamos que golpeamos el cuerpo con una tremenda y muy poderosa luz que puede ser ultravioleta. Y, yo pienso que usted dice que no ha sido probado, pero ¿lo vamos a probar? Y, entonces yo digo, supongamos que usted lleva esta luz al interior del cuerpo, ya sea a través de la piel o de otra forma” [4/24/20].

A lo anterior se puede responder señalando que ni la luz ultravioleta producida por lámparas ni la del Sol cura el coronavirus, ni tampoco las camas de bronceado. Los expertos médicos han advertido del riesgo de sobreexponerse a la luz ultravioleta, ya que puede causar cáncer de piel. Ningún experto o estudio médico vincula la luz ultravioleta con la cura del coronavirus.

“La Hidroxicloroquina y la Atorromyina, tomadas juntas, tienen una real oportunidad de ser la más grande transformación en la historia de la medicina”  [3/21/20]. Es una combinación que, probablemente, se ve, muy, muy bien”. [3/23/20].

Trump insistentemente promovió la hidroxicloroquina, un medicamento contra la malaria, y la azitromicina, un antibiótico, como medicamentos milagrosos contra el coronavirus y de este modo no se tendría que esperar meses para una vacuna. Sin embargo, estos medicamentos no han sido suficientemente probados y ningún experto aprueba el optimismo de Trump.

“(El coronavirus) es un enemigo brillante. Usted sabe, es un enemigo brillante. El desarrollo de medicinas como los antibióticos.  Usted ve. Los antibióticos resolvían todos los problemas.  Ahora uno de los más grandes problemas del mundo es un germen que se ha hecho tan brillante que los antibióticos no pueden con él”. [4/10/20]

Lo anterior ignorantemente sugiere que con un buen antibiótico todo se resolvería. Sin embargo, los antibióticos se usan para tratar infecciones bacterianas y no virales. Algunos pacientes con covid reciben tratamientos con antibióticos para tratar infecciones secundarias, pero no para curar el Covid.

Que todas las afirmaciones anteriores fueran hechas por el ignorante presidente de un país bananero o de extrema pobreza, sería triste pero comprensible debido a la frecuente carencia de suficiente personal científico asesor calificado. Pero que esto se diera en el país que tiene la más importante infraestructura científica del mundo es, por decir lo menos, bochornoso. Poco supe de los pobres ingenuos que efectivamente se inyectaron productos de limpieza para curarse del coronavirus, algunos fallecieron. También sabemos que cuando el presidente Trump se infectó de covid-19 y estuvo hospitalizado, recibió los mejores tratamientos médicos disponibles y no los que él mismo proponía.

Todos desearíamos que a los más elevados puestos de cualquier nación del mundo llegaran personas con la mejor educación general y amplia cultura científica, así como con la inteligencia para asesorarse por los mejores especialistas, pues solo así ellos podrán ayudar a sus pueblos. Cuando altos funcionarios promueven teorías de conspiración para explicar los problemas que enfrenta un país (p.ej. la existencia del Covid-19), o charlatanería para resolver esos mismos problemas (p.ej. usar escapularios o cloralex contra el Covid-19) sabemos que estamos tratando con gente de patética ignorancia que llevará a sus pueblos por el mismo camino.

Las decisiones de política científica se deben de tomar a partir de argumentos razonados ajenos a “corazonadas”, “presentimientos” o “ideologías”, sino únicamente a partir del análisis riguroso de los datos conocidos analizados a partir del conocimiento científico disponible.

Al ver el extraordinario cuerpo de asesores científicos del presidente Joe Biden liderado por el Dr. Eric Steven Lander en los Estados Unidos y el apoyo propuesto a su comunidad científica, que es con mucho la más exitosa del mundo, sabemos que se está dando el ejemplo correcto a todos los gobiernos y naciones del mundo.

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