Por el bien de todos

El INEGI publicó una encuesta donde dice que la principal preocupación de los habitantes de las ciudades son los baches.

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Por: Enrique Gómez Orozco

El INEGI publicó una encuesta donde dice que la principal preocupación de los habitantes de las ciudades son los baches. El Coneval (Consejo de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) mostró ayer  datos muy distintos a la miope opinión urbana. 

En dos años 3.8 millones de mexicanos cayeron en la pobreza y casi 2 millones más se añadieron a los 8 millones que viven en pobreza extrema. Los datos son amargos porque eso pudo evitarse a pesar de la pandemia. La misión del Coneval es revisar qué tan efectivas son las políticas de desarrollo social. En su sitio de internet publica con grandes letras: lo que se mide se puede mejorar. 

Quien ve baches y no la pobreza urbana, vive fuera de la realidad. Los agujeros en las calles incomodan al transporte público y privado, pero no pasa de ser un problema simple. La pobreza es inaceptable para un país que tiene recursos naturales y humanos, que cuenta con mercados abiertos en todo el mundo como lo es México. El problema de la pobreza es complejo pero tiene solución: crecimiento económico superior al 5% anual y mejor uso de los recursos fiscales en educación, salud e infraestructura.  

Los países en desarrollo tienen muchos laboratorios para observar. China es el mejor de todos. En 40 años transformaron a un país pobre y sin esperanza en una potencia mundial donde desaparece la pobreza como por arte de magia. Pasaron de un ingreso nacional de 200 dólares por habitante en 1978 a más de 10 mil en 2019. No lo lograron con el modelo comunista de Mao. Se abrieron al mundo, produjeron día y noche durante décadas, ahorraron la mitad de sus ingresos y los invirtieron de nuevo para crecer más. Un círculo virtuoso de la economía capitalista y de jornadas laborales de 60 o 70 horas. “Así que chiste”, decía un buen amigo. 

En Latinoamérica, Chile es otro ejemplo. Mientras en México subió la pobreza del 41.9% al 43.9% de la población tan sólo entre 2018 y 2020, en Chile sólo aumentaron dos décimas, del 10.7% al 10.9%. Uruguay tiene la menor pobreza en Latinoamérica con sólo el 5%, según datos de la CEPAL. Con el neoliberalismo, Chile se convirtió en el país más próspero del hemisferio. 

Tan sólo leer los datos del Coneval, vemos que las políticas sociales fracasaron en los dos últimos años. La oposición, incluido el PAN, propuso una renta básica familiar durante la pandemia. Un piso de ingreso ante la emergencia. Plantearon posponer la inversión en Dos Bocas y el Tren Maya. Proyectos muy costosos y de dudosa rentabilidad económica y social. Economistas expertos, como Santiago Levy, sugirieron medidas contracíclicas de expansión en el gasto público que luego se pagaría con impuestos a lo largo del tiempo. Lo importante era salvar del abismo económico a los más pobres. Por el bien de todos. 

El Gobierno no escuchó ni entendió que había buena fe en los planteamientos de inversión social universal, que la austeridad sólo incrementaría la penuria y mandaría a millones de mexicanos a la pobreza y a la pobreza extrema. 

Las ayudas a adultos mayores y a los ninis no fueron la solución al problema. Tampoco la reducción de los salarios de altos funcionarios o la disminución de presupuestos a los estados y a la inversión en infraestructura. 

La semana pasada la prensa estadounidense publicó que un buen efecto de la inversión contracíclica del Gobierno había sacado de la pobreza a millones de norteamericanos. En México la llamada “economía moral” ni moras dio. 

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