Opinión

‘Por el rescate de la soberanía nacional’

Con el anuncio de Pemex y la nueva Administración viajé al pasado, justo a la década de los setenta, cuando el Gobierno era el supremo rector de la economía.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Con el anuncio de Pemex y la nueva Administración viajé al pasado, justo a la década de los setenta, cuando el Gobierno era el supremo rector de la economía. Corto de efectivo llegaba a la gasolinera y le decía al despachador: ponle 20 pesos de la Nova. Eran unos 14 litros. Con eso el Valiant 68 iba desde el norte al oriente de la ciudad por tres días.

No había muchas gasolineras ni muchos precios. Tampoco sabíamos que el plomo que le añadían para evitar la detonación, era cancerígeno. El dogma nacional era la soberanía que daba Pemex porque no éramos víctimas de las trasnacionales petroleras.

La historia y la generación del mito que se convirtió en dogma, se había desarrollado desde que el general Lázaro Cárdenas expropió el petróleo en 1938.

Ahora ese regreso al pasado con mucha  nostalgia nos quiere hacer creer de nuevo que la soberanía nacional reside en consumir productos de la paraestatal. Una historia que se cae en pedazos cuando hurgamos un poco en el origen de la gasolina que consumimos.
De cada tres litros que se venden en México, dos son importados.

Pemex perdió la capacidad de refinar el petróleo que extrae del subsuelo por la obsolescencia de las refinerías, el tipo de petróleo sulfuroso que extrae y el fin de la bonanza de Cantarel.
El mensaje del Gobierno dice:

Bienvenido a tu casa. En ella existen espacios que a diario nos recuerdan el libre derecho de decidir qué queremos. Esto es soberanía…”.

México es nuestra casa y por eso consumo lo nacional… por el rescate de la soberanía consumo gasolinas Pemex”.

El spot finaliza con la voz de la mujer que dice “Gobierno de México”.
El anuncio tiene datos falsos. Consumir en una gasolinera de Pemex no es comprar lo nacional porque la gasolina y el diésel son de importación en más del 66%.

La segunda mentira es que antes de la apertura energética no teníamos el libre derecho de decidir qué queríamos. Había de opciones: Pemex o Pemex. También había dos tipos. La Nova y la Nova adulterada. Lo que siempre existió fue la variedad de volúmenes. Un litro podía ser un litro o 900 mililitros, dependiendo de la decencia del distribuidor.

Si la “soberanía nacional” comienza con la libertad de elegir, apenas inició en el sexenio pasado con la reforma energética.

Poco abona la división de promover desde el Gobierno el consumo de determinada marca. Hoy hay una variedad de distribuidores y precios. Tomemos un ejemplo sencillo: el viernes pasado fui a Celaya y vi los precios de una gasolinera marca Costco, del magnífico club de precios. Para los socios (que puede ser cualquiera) la gasolina Regular estaba en 18.77 y la Premium en 19.90. Un 10% menos que en las gasolineras de León y un 3% o menos que en las de Pemex en Celaya.

Si todos obedeciéramos o siguiéramos la sugerencia del Gobierno de comprar por nacionalismo en Pemex, quebrarían las empresas de otras marcas y miles de mexicanos quedarían sin empleo. Es absurdo.

El trasfondo ideológico del mensaje preocupa porque es retrógrado.
En Twitter alguien con buen sentido del humor publica una foto de un auto conectado a la electricidad y dice:

me encantaría −comprar en Pemex− pero tengo un Tesla”.

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