Por fin cede la pandemia

De paseo por la prensa mundial vemos como la vida, los colores cotidianos de la convivencia y las sonrisas de los niños regresan.

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Por: Enrique Gómez Orozco

De paseo por la prensa mundial vemos como la vida, los colores cotidianos de la convivencia y las sonrisas de los niños regresan. Partidos de fútbol con aficionados en Europa; la feria del libro de Madrid abarrotada aunque sea una tercera parte de la última que hubo. Hasta el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, dice en el Congreso que el año que viene será de crecimiento y bueno para la economía. 

Otra buena noticia es que la Secretaría de Salud destinará un millón de vacunas a los niños y jóvenes de entre 12 y 18 años. Las vacunas llegaron de nuevo a Guanajuato y en un día casi se acaban las 244 mil que enviaron. A todo esto debemos añadir la opinión del Dr. Alejandro Macías, nuestro guía durante la pandemia. En un tuit dice: “Aunque son todavía muchos casos diarios de COVID en México, la tendencia es hacia abajo y el pequeño repunte que se observó recientemente ha revertido de nuevo a la baja. Si la curva continúa simétrica, y seguimos vacunando, este mismo año entraríamos a una situación estacional”.

El Dr. Anthony Fauci, cabeza del esfuerzo médico contra el COVID en Estados Unidos, cree que para febrero podría terminar. Coincide con la duración que tuvo la mal llamada Gripe Española hace un siglo. En marzo de 1918 comenzaron los primeros brotes y la epidemia terminó en abril de 1920. El COVID inició en China a finales del 2019, y si Fauci tiene razón, en medio año tendremos otras preocupaciones. Una de ellas será la influenza estacional y las necesarias vacunas para prevenirla. La vacunación universal deberá seguir su curso en los países más pobres y la maquinaria de producción global tendrá que acelerar el paso para evitar inflación y cuellos de botella. 

Los más optimistas dicen que vienen los “rugientes” veinte. Una década parecida a la que sucedió después de la Gran Influenza y la Primera Guerra Mundial. Entonces el desánimo se convirtió en Charleston y la opulencia del Art déco en enormes edificios. La locura de la bolsa, como gran borrachera económica, trajo la resaca de la Gran Depresión que duraría hasta 1938. 

La diferencia de un siglo a otro son las defensas que la ciencia nos otorgó. Vacunas en menos de un año, cuidados intensivos, respiradores, concentradores de oxígeno, oxímetros, pruebas PCR y muchas herramientas más. En la Gran Influenza de 1918-1920 fallecieron por lo menos 50 millones, aunque se cree que pudieron ser 100 en un mundo que apenas llegaba a los mil 600 millones de habitantes. Entre el 3% y el 5% fallecieron. 

Ahora se contabilizan 4.8 millones de decesos de una población global de 7.5 mil millones. Menos del 0.07%. La pandemia dejará huella en la humanidad. Orfandad, pobreza y comunidades desintegradas, pero también una revolución en el trabajo y las comunicaciones. Medio mundo laboró desde casa y ahora regresa el modelo híbrido. Las grandes ciudades perdieron habitantes que regresaron al campo o a los suburbios menos poblados. 

En México pudimos hacer mucho más con la velocidad y la organización en la vacunación. Muchos mueren todavía por no estar inoculados; muchos más morirán de aquí al fin de la pandemia por dos razones: irresponsabilidad personal de quienes no atienden el deber comunitario de vacunarse y la centralización absurda de la Federación en manos del Dr. Hugo López-Gatell, uno de los funcionarios más vituperados por la opinión pública y sus colegas. 

Con todo, debemos seguir el consejo del gran Yogi Berra y pensar que “esto no se acaba, hasta que se acaba”. 

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