Predicción

Cuando la pandemia se extendió a todo el país el año pasado, el historiador Héctor Aguilar Camín hacía un pronóstico nada agradable para el Gobierno: las economías que se contraen en una recesión profunda siempre cambian el sentido del voto.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Cuando la pandemia se extendió a todo el país el año pasado, el historiador Héctor Aguilar Camín hacía un pronóstico nada agradable para el Gobierno: las economías que se contraen en una recesión profunda siempre cambian el sentido del voto. Lo digo de memoria y lo recuerdo como el primer aviso que puso de mal humor a López Obrador

Sucedió lo que todos temíamos y México entró en depresión económica. Perdimos en el 2020 el 8.5% de nuestra producción. Cuando en 1995 el país tuvo el descalabro del 7%, el gobierno de Ernesto Zedillo perdió. Por primera vez en la historia del PRI, no tuvo el control del Congreso. Una derrota que se extendería en el 2000 cuando llega Vicente Fox.

En todo tipo de reuniones la gente pregunta: ¿cuál será el resultado del 6 de junio? Es difícil ser adivino pero podemos hacer algunos ejercicios mentales, pura intuición a partir de la realidad que vivimos. Después de ver algunas encuestas en El Financiero, donde hay un acercamiento de la oposición en estados que Morena daba por seguros, puede suceder lo que en Hidalgo y Coahuila. En ambos, el partido Morena llevaba ventaja en las encuestas y perdió. 

El ejercicio del poder desgasta. Los ganadores entran con toda la popularidad, con el apoyo generalizado, con “llantas nuevas” en su vehículo político. Al paso de los días esos neumáticos imaginarios pierden piso, sufren banquetazos, y si se meten a terracerías, pierden el dibujo y el agarre. 

En el 2018 Morena llegó con viento fresco y el impulso de su líder; tuvo a su favor la terrible descomposición del PRI y el recuerdo amargo de la traición del PAN durante dos sexenios en los que nunca hizo algo para combatir la corrupción. Para López Obrador era el arribo ansiado a la tierra prometida donde cambiaría todo lo pasado. Con el tiempo las cosas no se dieron como la población esperaba y surgieron enormes contradicciones. 

Si preguntamos a la mayoría de la población: ¿está mejor ahora que antes de que llegara Morena? Tendríamos una respuesta sorprendente. La mitad y algo más de la población puede apoyar al Presidente pero resulta imposible que diga que su condición mejora. Tan solo la inflación de este año es una piedra en el cuello de todos. 

Sin la sobrerrepresentación que tiene hoy Morena, sería difícil cambiar las leyes al contentillo de Palacio. Lo más probable es que no alcance la mayoría en el Congreso, ni siquiera con la ayuda de los partidos que se le unieron. En el fondo esa es la razón de los ataques al INE. La paranoia acompaña a quienes ven oscuro el camino, a quienes queda como único tema las desgracias del pasado. 

Cuando escuchamos los anuncios de Morena en la radio, hay una voz femenina cálida y optimista que describe una realidad bien distinta a la que vivimos. Son buenos anuncios, y si estuviéramos en el 2018, inspirarían confianza. El rencor y el resentimiento pueden ser poderosos aliados de la oposición, pero sucede que Morena ya no es oposición y en los hechos se comporta como si lo fuera. 

La unión de PRI-PAN-PRD pudo ser un ejercicio democrático inédito, donde los mejores ciudadanos hubieran sido escogidos para la contienda. Sus propuestas fueron más de lo mismo en casi todos el país. Eso hace más grande la incógnita, la predicción. 

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