Opinión

Prioridades

Un gran amigo y mentor comentaba cómo se debían establecer las prioridades.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Un gran amigo y mentor comentaba cómo se debían establecer las prioridades. Un familiar suyo, al que le tenía rentado un negocio, llegó con una larga cuenta de gastos de la empresa. Le explicaba a detalle cada uno de sus egresos comprometidos y al final de la lista aparecía la renta que debía pagar. 

Los ingresos no me dan porque tengo todo este listado y no alcanzo para pagarte”, le explicó, esperando benevolencia de su parte o que simplemente le dijera: primero tus gastos y cuando tengas dinero me pagas a mí. 

La respuesta fue exactamente al revés.  “Pon al principio de la lista la renta que me debes de pagar, hazlo, y luego administra lo que te quede”. El asunto era simple, si al dueño de la finca y de los activos de la empresa se debía la existencia del negocio, la prioridad sería siempre pagarle a él. 

Esta enseñanza también es válida para la relación entre ciudadanos y Gobierno. Nosotros somos quienes pagamos cada peso que gasta la federación, el estado y los municipios. La prioridad de la autoridad es proporcionar seguridad a las personas y sus bienes. Esa es su primera razón de ser, de existir. 

Si vemos los presupuestos de los gobiernos a detalle encontramos miles y miles de conceptos. Nunca he visto que alguno comience por la seguridad pública y la impartición de justicia. 

Ante la crisis de seguridad y el aumento trágico de homicidios dolosos y la certeza de que Guanajuato ya no es un estado seguro, los ciudadanos podemos decirles a nuestros representantes electos: “¿Cuánto cuesta pacificar al estado?”.

Si el presupuesto de Guanajuato es de 83 mil millones o 90 mil al final de año y se necesitan 10 o 12 mil millones para invertir en la Procuraduría y la Secretaría de Seguridad, en policías, en estudios de expertos o en patrullas y ministerios públicos, esa cifra debería estar al principio. Y luego hacer lo que se pueda con la diferencia. Y si es necesario pedir prestado para invertir 15 mil millones, eso debe hacerse para detener la carnicería humana y el río de sufrimiento de ciudades como Salamanca, Irapuato y Celaya. 

El verdadero “golpe de timón” es un camino en dos tiempos. Uno inmediato, de aquí a que termine el año y otro, una planeación a largo plazo para regresar a nuestra tierra la seguridad y la tranquilidad perdidas. 

Hoy el Gobierno de Guanajuato y de los municipios nos tienen que devolver primero seguridad y paz antes que cualquier otro servicio. Quienes llevan las riendas están obligados a demostrar que pueden con el paquete reorientando el gasto público y su tiempo a ese empeño. 

El trienio pasado en León, cuando Miguel Márquez era gobernador y Héctor López Santillana llevaba su primer mandato, anunciaban con bombo que invertirían 5 mil millones en obra en un año. Recuerdo que mi sugerencia era que canalizaran 3 mil o 4 mil en obra y 2 mil en seguridad. No lo hicieron y el resultado es trágico. Cientos de vidas se pierden en la violencia incontenible. Un ejemplo sencillo de las prioridades torcidas es el dinero estancado en las aguas turbias de Sapal en León. Útiles sólo para los bancos en los que se atesoran (continuará).

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