Progreso científico

Una de las más importantes características del conocimiento científico es su progreso y el hecho de que este progreso se da en un ambiente de rigurosa crítica entre todos los participantes.

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Por: Vicente Aboites

Una de las más importantes características del conocimiento científico es su progreso y el hecho de que este progreso se da en un ambiente de rigurosa crítica entre todos los participantes. 

Esto a diferencia de las pseudociencias como la astrología, chamanería, horóscopos, magia, telepatía, telequinesis, tarot, piramidología, homeopatía, parapsicología, biomagnetismo, entre otras, en las cuales prácticamente no hay progreso. Las publicaciones, los congresos y otras actividades académicas y de investigación son evidencia de este progreso.

En los congresos científicos más importantes se reúnen especialistas de todas partes del mundo para discutir los avances, las dudas e incertidumbres, los errores y las propuestas de cada disciplina.

Por ejemplo, en un Congreso de Física de Alta Energía usted verá a los especialistas teóricos y experimentales contrastando sus resultados y predicciones, corrigiendo errores e interpretaciones incorrectas de datos y realizando nuevas propuestas, esto entre muchas otras actividades que tienen que ver con la crítica rigurosa y racional basada en la evidencia experimental y en los avances teóricos disponibles.  Sabemos que no existe nada parecido en las pseudociencias.

No hay congresos de magos, parapsicólogos o astrólogos, cuestionando el conocimiento disponible ni proponiendo y discutiendo nuevas teorías. De hecho, los tratados de magia y astrología más antiguos tienen siglos o milenios sin modificación alguna.

Las publicaciones científicas muestran con claridad cómo opera el avance de la ciencia. Creo que esto se visualizará con mayor claridad con un ejemplo: Desde la construcción del primer rayo láser de Rubí en 1960 por Theodore H. Maiman en los Laboratorios Hughes en Estados Unidos -basado en el trabajo teórico de Charles Townes, Arthur Schawlow y Nikolay Basov- se notó que la eficiencia de este dispositivo es muy baja, menor al 0.1%.  Es decir que de cada 100 Watts que se obtienen del tomacorriente eléctrico, menos de 0.1 Watts es emitido como luz láser.

Este es un problema que afecta a muchos tipos de láseres y sobre el cual se ha trabajado intensamente en todo el mundo.  En particular, los primeros láseres de nitrógeno tenían eficiencias bajísimas que variaban entre 0.1% y 0.01%. En 1986 un grupo de investigación brasileño publicó un artículo reportando un láser de nitrógeno con un novedoso circuito eléctrico y una eficiencia del 3%.  Este resultado conmocionó a todos los investigadores del mundo que trabajaban en láseres de nitrógeno, pues finalmente se tendría un láser con una eficiencia sustancialmente mayor.

Como parte de la natural dinámica científica varios laboratorios del mundo construyeron láseres de nitrógeno siguiendo cuidadosamente las especificaciones dadas por el equipo de investigación brasileño con objeto de reproducir y verificar la alta eficiencia por ellos reportada.

Uno de esos laboratorios fue el Laboratorio de Láseres del Centro de Investigaciones en Óptica (CIO) a mi cargo. Lamentablemente ningún laboratorio del mundo fue capaz de reproducir los datos reportados por los investigadores brasileños. Estos resultados erróneos seguramente fueron obtenidos a partir de mediciones ópticas, eléctricas y electrónicas inadecuadas, aunque nada excluye la posibilidad de que los errores hayan sido deliberados. Sin embargo, e independientemente de cuál haya sido la razón detrás de este error, lo importante a resaltar es que la dinámica del proceso de investigación científica basada en las confirmaciones y refutaciones de todo resultado científico dentro de una comunidad, se encarga de evidenciar los errores o corroborar las validaciones del conocimiento científico.  Esta dinámica garantiza el progreso de la ciencia.

Este proceso de autocorrección propio de la ciencia no se da en las pseudociencias y por esto es muy importante distinguir estas dos diferentes actividades humanas con la máxima claridad. Es un grave error mezclar o confundir la ciencia y la pseudociencia.  Por ejemplo, a diferencia del caso mencionado en física de láseres, no se ha escuchado de un astrólogo o especialista en horóscopos que refute y muestre que las predicciones obtenidas por otro astrólogo u otro especialista en horóscopos, son falsas o incorrectas. Tampoco se ha sabido que un lector de cartas de Tarot demuestre con precisión y rigor, que un colega “leyó” erróneamente las cartas del Tarot y que publique sus explicaciones y justificaciones para ser sometidas al escrutinio de otros especialistas en Tarot.

Recientemente se cuestionaba si una revista de divulgación científica debería o no publicar un artículo sobre astrología o Tarot.  Mi opinión es que un artículo serio sobre estas disciplinas con un enfoque, digamos, histórico, sociológico o antropológico podría ser una aportación muy interesante que valdría la pena considerar. Sin embargo, tratar de publicar un artículo sobre, digamos: “Predicciones y recomendaciones de la astrología para los enfermos de COVID-19 a partir de las posiciones actuales de la Luna y Marte”, o, “La lectura del Tarot predice que el equipo León ganará el próximo campeonato de futbol”, es no solo ridículo sino una pérdida de tiempo. 

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