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Puro control

Después de la extinción de los fideicomisos federales puede creerse que el objetivo del Gobierno es utilizar los recursos depositados en esos instrumentos para la salud.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Después de la extinción de los fideicomisos federales puede creerse que el objetivo del Gobierno es utilizar los recursos depositados en esos instrumentos para la salud. Los 68 mil millones de pesos destinados a la ciencia, la investigación y a la promoción de la cultura o el cine no son la solución del problema de salud que enfrentaremos. 

La federación podría emitir deuda por esa cantidad sin siquiera despeinarse. La discusión es política y no económica. No es lo mismo tener un mandato (un fideicomiso) para dedicar fondos públicos ya establecido que reunir todo en una bolsa para repartir según los intereses del Poder Ejecutivo. De un plumazo el Congreso obligará a todos los beneficiarios de esos recursos a pedir por favor que los apoyen, que les den. 

Como en todo, pudo existir corrupción y burocracia en la administración de esos recursos; también excesos y desperdicios, pero no era una razón de Estado el destruir esos instrumentos de apoyo. La decisión se parece mucho a la desaparición de las estancias infantiles o los refugios para mujeres maltratadas. 

Hay fondos que pueden desaparecer como el FONDEN (Fondo de Desastres Naturales), un “guardadito” para desastres como el huracán Delta que se acerca a Quintana Roo. Ignoramos si tendrá consecuencias económicas para un estado ya de por sí muy golpeado por la crisis turística. Sin esos recursos, serán gobernadores y alcaldes quienes pidan, de favor,  ayuda para enfrentar la calamidad. 

Los fideicomisos son instrumentos legales propios de instituciones democráticas sólidas. En Estados Unidos está la FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias), institución que recibe recursos para ayudar a ciudades como a Nueva Orleans cuando llegó el huracán Katrina. 

Gobernar no es darle gusto a todo mundo, ni tener un programa de complacencias como en la radio, pero tampoco es enfrentarse a todos todo el tiempo. Los científicos e investigadores; los actores y productores,  tendrán oportunidad de responder a su manera. Muchos preferirán irse del país a otro lado donde se aprecie más su talento. Otras naciones tienen como meta importar tanto talento como se pueda, sin importar crisis económicas o de dónde provienen los sabios. A esos iluminados por el estudio y la investigación los perderemos.

¿Cuánto se invierte en una carrera, en un doctorado? Millones y millones de pesos. ¿Cuánto tiempo toma formar una generación de directores de cine como Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu? Tres décadas por lo menos. 

Las medidas incomprensibles del Congreso “mayoriteado” por Morena tendrán reacciones a muy corto plazo. Ir de reversa con la destrucción de instituciones; perder la oportunidad de aplicar medidas contracíclicas en medio de la pandemia traerá problemas futuros a la llamada 4T. No se pueden desafiar tantas leyes económicas y políticas sin consecuencias. Es como soltar un vaso y esperar que la gravedad no lo estrelle contra el suelo. 

Por cierto, si Porfirio Muñoz Ledo logra la mayoría de aprobación en las encuestas del INE para presidir Morena, lograría, a sus 87 años, ser el primer gran detractor del centralismo político. Tendría muy poco que perder al tomar su lugar de líder independiente de Palacio. Llevaría una “insana distancia” para muchos extremistas de su partido y encendería la lucha por la sucesión presidencial que ya comienza a pesar de que faltan cuatro años. Ya comenzó, si no que le pregunten a Claudia Sheinbaum y a Marcelo Ebrard

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