Opinión

Que el Zapotillo sí, que el Zapotillo no; agua estancada, dinero inútil

Perdón por el título tan largo de esta columna, pero quiero hacer énfasis en la tragedia que se convierte el proyecto de traer agua desde Jalisco a León. 

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Por: Enrique Gómez Orozco

Perdón por el título tan largo de esta columna, pero quiero hacer énfasis en la tragedia que se convierte el proyecto de traer agua desde Jalisco a León. 

Para estos tiempos la presa de El Zapotillo, 145 kilómetros al oeste de León, debería estar enviando agua a los Altos de Jalisco y a nuestra ciudad. Se hizo el proyecto, concursaron la presa y dieron la concesión del tubo que traería agua a los leoneses. Los números estaban hechos, los contratos firmados y una empresa española llamada Abengoa tendría que estar bombeando ya. Gracias al divorcio entre nuestros gobernantes y la realidad, ya hay una presa lista para almacenar unos 500 millones de metros cúbicos, pero no hay cómo traerla a nuestra ciudad. 

Los pobladores de Temacapulín nunca quisieron moverse de lugar para permitir el embalse en su tierra; el gobierno de Jalisco les dio alas y hasta el cura del lugar los aleccionó en contra de cambiar la pequeña iglesia. 

Si vemos Temacapulín desde el aire (Google Earth), nos damos cuenta de que es un pueblo de pocos habitantes, los cuales resultarían beneficiados con una urbanización nueva, con un pueblo nuevo. El precio de darles un sitio digno y renovado en donde vivir es una fracción de lo que vale el proyecto. 

Pero todo comenzó con la increíble indolencia de tres personajes: el entonces presidente Vicente Fox, y los gobernadores Juan Carlos Romero Hicks, de Guanajuato, y Alberto Cárdenas, de Jalisco. Un presidente panista, dos gobernadores panistas y no hubo acuerdo para realizar la obra hidráulica más importante de la historia de León. Una falta de oficio tremenda que se convierte en un lastre. Pero eso es historia.

Felipe Calderón no desenredó el asunto heredado y parecía que Enrique Peña Nieto cumpliría su palabra de traer agua a León. La concesionaria Abengoa quebró en España y quedó inutilizada a pesar de tener un contrato que le redituaría al menos 2 mil millones de ganancia. Juan Manuel Oliva prometió que para 2016 el proyecto estaría funcionando pero no fue así. Miguel Márquez no supo qué hacer contra Jalisco y la Federación olvidó el tema. 

Andrés Manuel López Obrador prometió en campaña que lo concluiría en su sexenio pero no hay nada en firme. El superdelegado, Mauricio Hernández dice que deben buscarse alternativas. Después de 20 años sólo quedan los buenos oficios del gobernador Diego Sinhue Rodríguez para pedirle a AMLO que cumpla su palabra, que sería una gran cosa para León. 

Las alternativas en tiempos de recortes al gasto público y voluminosas entregas de dinero en efectivo, hacen previsible que puedan pasar otros 20 años para que resolvamos en definitiva el abasto de agua a León a largo plazo. 

Mientras eso pasa SAPAL (Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de León), acumula dinero como ninguna otra dependencia lo hace. Al final de marzo de este año tenía 3 mil 500 millones en activo circulante (dinero a corto plazo), de los cuales 2 mil 459 estaban en bancos. Una empresa pública sin estrategia ni destino. Pero eso será tema para verlo desde otra perspectiva. (Continuará)

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