Qué pena

El evento del miércoles en el Zócalo no fue un informe de gobierno; tampoco un festejo de Estado como lo puede ser la ceremonia del Grito de Independencia el 16 de septiembre.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Qué pena

Qué pena

El evento del miércoles en el Zócalo no fue un informe de gobierno; tampoco un festejo de Estado como lo puede ser la ceremonia del Grito de Independencia el 16 de septiembre. La participación de 100 o 200 mil acarreados fue para un acto político partidista. Todo al viejo estilo del PRI de hace medio siglo. 

Entonces, ¿qué hacían cuatro gobernadores de Acción Nacional en el llamado AMLO FEST?

Mauricio Vila de Yucatán, Maru Campos de Chihuahua, Carlos Joaquín de Quintana Roo y José Rosas Aispuro de Durango traicionaron al partido que los llevó al poder. Su presencia entre distinguidos morenistas fue una puñalada trapera al corazón del blanquiazul. El presidente de su partido, Marko Cortés, estaba realmente decepcionado, al igual que la mayoría de la oposición. 

En tiempos de armonía política, donde todos los partidos son reconocidos y aceptados por quien está en el poder, nada tendría de extraño la participación en eventos federales. Pero la circunstancia es distinta. Los panistas son insultados un día y otro también desde la mañanera. Son el modelo esculpido desde la retórica presidencial como fifís, conservadores, corruptos, neoliberales y clasemedieros. 

Por si fuera poco, la aglomeración no se justifica en tiempos del COVID-19 y menos con la amenaza de la nueva variante Ómicron. La participación de los gobernadores azules es tan irresponsable como la de los organizadores. Recordemos el Vive Latino de marzo del 2020, donde muchos participantes murieron infectados porque las autoridades de la CDMX permitieron el evento musical. 

Los panistas deben sentirse lastimados y el resto de la oposición también porque son desertores de una gran causa, la de no permitir que el viejo PRI y la presidencia imperial regrese vestida de morado. Porque con su presencia avalan de alguna manera las decisiones ajenas a su ideología, las prácticas populistas que tanto critican con el acarreo de ciudadanos. Una indignidad. 

Ahí está el delegado de Morena en Veracruz, Esteban Ramírez, alentando a los presidentes municipales a usar sus “ahorros” para llevar gente al Zócalo, en un claro acto de corrupción. Ahí están Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard celebrando a su líder y tratando de ganar presencia para la campaña del 2024. ¿Qué demonios hacen ahí, Campos, Vila, Joaquín y Rosas Aispuru?  Creo que muestran más miseria humana que solidez institucional. 

Marko Cortés debe ir más allá de un simple lamento. Debe exigir al Consejo Nacional del PAN que haga una seria reprimenda a los gobernadores. Podría, por ejemplo, hacer público el desacuerdo de todo el Consejo Nacional. 

No puedo imaginar a Diego Sinhue Rodríguez o a Mauricio Kuri de Querétaro al lado de Ebrard o de Sheinbaum. Los cuatro gobernadores tienen oficio político y deben entender el daño que  hacen, no sólo a su partido sino a todos quienes no comulgan con la forma de gobernar de la llamada 4T. Si van al guateque amlovino para recibir más presupuesto, para que sus estados sean considerados en la obra pública, no tienen vergüenza. Es validar el carácter centralista y autocrático de un gobierno al que su partido critica una y otra vez. 

Sería correcto ir a reuniones de trabajo a Palacio; está bien que apoyen proyectos de política común para luchar contra la inseguridad o para temas fiscales en beneficio de sus gobernados. Lo que hicieron fue detestable. Sin más palabras, una traición. 

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