Opinión

Querer y poder

La popularidad y el poder adoptan múltiples combinaciones. En México, tenemos un presidente muy popular, pero sin la fuerza necesaria para transformar al país, como desea. 

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Por: Sergio Aguayo

La popularidad y el poder adoptan múltiples combinaciones. En México, tenemos un presidente muy popular, pero sin la fuerza necesaria para transformar al país, como desea. 

Pese a la violencia, a la pandemia y a la recesión económica, el presidente mantiene altas tasas de aprobación (56 por ciento según Reforma, 70 por ciento según sus datos). Se explica, creo, por unas políticas sociales que dan prioridad a millones de olvidados y por su capacidad para comunicar a las mayorías sus objetivos y dominar, con sus mañaneras, la agenda de discusión pública. Ambas variables embonan con la simpatía que despierta un líder carismático y fuerte en la población. ¿Quién no desea un presidente que atenderá todos los problemas?

El presidente considera reivindicada la manera como gobierna, por las cifras de aceptación que muestran las encuestas. Nunca toma en cuenta la parte de las encuestas donde se desaprueban sus políticas económicas o de seguridad. Para él, las críticas son hechas por “adversarios” y “conservadores”, términos ambiguos que cuelga a un puñado de diversos actores sociales, transformados en la piñata del presidente. 

Listemos a sus adversarios. Estaría la oposición lógica de los gobernadores (diez de ellos, amagando con salirse de la CONAGO) y los 2,116 presidentes municipales identificados con partidos de oposición. Luego, vienen actores sociales, como algunos medios de comunicación que dan cobijo a los incómodos columnistas. Después, incluyamos a los movimientos sociales (el zapatismo o FRENA), a los organismos de la sociedad civil y a los grupos empresariales. Es una oposición capaz de poner frenos de diverso tipo. En una categoría especial, debemos incluir al enorme poder económico y militar de las organizaciones criminales.  

MORENA cuenta con mayoría en el Congreso de la Unión, maneja el presupuesto federal, ha ido colonizando organismos públicos que deberían ser autónomos y tiene siete gubernaturas, mayoría relativa en 20 congresos locales y 365 presidencias municipales. Es una fuerza enorme, aunque debilitada por su falta de coherencia y cohesión. 

La 4T puede dividirse en eficientes e ineptos. Es evidente la capacidad operativa de Marcelo Ebrard (un canciller para todos los moles), Alejandro Gertz Manero y Claudia Sheinbaum, por mencionar unos cuantos. Es igualmente clara la abundancia de una mezcla de ineptitudes y ausencias ejemplificadas por el secretario de salud y los gobernadores de Morelos y Veracruz. 

La situación se les complica, por la falta de una coherencia ideológica y programática. El ex secretario del Medio Ambiente, Víctor Manuel Toledo, fue grabado lanzando una severísima crítica: “la 4T [carece de] un conjunto claro y acabado de objetivos”. En términos programáticos, la 4T “no existe, no existe”. Lógicamente, semanas después, abandonó el cargo.

Cada actor, cada tribu, cada funcionario van justificando sus agendas y ambiciones con invocaciones a la “transformación” y juramentos de lealtad al presidente. La retórica es incapaz de disimular su pobreza intelectual y ética, que volvió a manifestarse en el lamentable cambalache de diputados entre MORENA y sus partidos aliados para nombrar al presidente de la Cámara de Diputados. El cargo es primero. 

Hay fenómenos imposibles de capturar en las encuestas de opinión. A medida que pasan los meses, se observa un incremento en el número de líderes o funcionarios que ponen distancia frente a algunas políticas o declaraciones presidenciales. Es el caso, con su fulminante condena en contra de las fundaciones extranjeras; fue ignorada por la mayoría de los funcionarios, muchos de los cuales han obtenido donativos o becas de ellas. 

Es imposible anticipar si la suma de estas variables le bastará a MORENA para mantener su fuerza en las elecciones del 2021, o si padecerá un retroceso. Es difícil hacer pronósticos, porque la popularidad del presidente y de MORENA podrían verse afectados en el primer semestre del 2021, por los efectos del desempleo y la carestía, de la violencia y de la pandemia.

El presidente está encandilado por las cifras de aprobación a su estilo de gobernar. Supone que con eso bastará para derrotar a sus adversarios y resolver las debilidades sistémicas de la 4T. Cuando llegamos al segundo informe, vemos a un presidente popular pero débil. Quiere, pero no puede. 

@sergioaguayo

Colaboró: Alfonso David Aparicio Bolaños.

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